
Peregrinar nos es natural. La humanidad ha venido caminando desde sus orígenes (y quizá, también, hacia sus orígenes). Cada paso abre camino y teje, a su vez, la historia.

«El Señor es mi luz y mi salvación»

Muchas veces hemos escuchado las expresiones “el Dios vivo” o “el Dios verdadero”. Pero ¿qué significan y qué relación guardan entre ellas?

«Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad»

«Que te adoren, Señor, todos los pueblos»

La secularización, que desde hace tiempo ha transformado el estilo de vida de las mujeres y de los hombres de hoy, ha dejado a Dios casi en el trasfondo, como desaparecido del horizonte. Pareciera que su Palabra ya no es una brújula de orientación para la vida, para las opciones fundamentales, para las relaciones humanas y sociales. Pero debemos hacer una aclaración: cuando observamos la cultura en la que estamos inmers

Atención y esmero son una clave para descubrirnos en el tiempo, las relaciones, y los espacios que habitamos, pero, sobre todo, para poder percibir cómo es que la presencia de Dios se ha colado en los entresijos de nuestros ritmos vitales.

«Ten piedad de nosotros, Señor, y bendícenos»

Mi primera contemplación de la encarnación, del nacimiento de Jesús, la tuve en mi experiencia de prenoviciado. En México, los prenovicios somos enviados a vivir y a colaborar en una misión jesuita durante un año completo. Es algo parecido al Magisterio, vivimos, trabajamos y compartimos como si fuéramos jesuitas, pero con la pregunta del llamado sobre la mesa.

Pero, con todo y todo,
no soy
-aunque para algunos resulte una locura-
el poema de la desdicha.