
Desde mi punto de vista como cristiano, la pureza consiste en actuar por y con amor, de forma leal, libre, sin utilizar a los demás, buscando su bien y favoreciendo su crecimiento como personas.

«Piensa en tu fin y deja de odiar».

Los sacerdotes, religiosos y religiosas, somos hijos de nuestro tiempo. La Iglesia, en sus veintiún siglos de existencia, ha pasado por diferentes momentos como persecuciones, guerras y grandes cambios políticos, económicos y sociales, sin embargo su finalidad sigue siendo la misma: El seguimiento de Cristo y el anuncio del Reino de Dios.

«Cumplir perfectamente la ley consiste en amar».

Desde el año pasado, con más frecuencia, la prensa ha estado documentando y poniendo en relieve los potenciales riesgos del uso creciente de chatbots y herramientas de la Inteligencia Artificial como apoyo en problemas personales o emocionales.

Sin embargo, aunque tenemos estas máximas por ciertas, muchas veces no terminamos de aceptarlas. La incertidumbre del camino hasta que la muerte ocurra nos mueve, precisamente, a querer asegurarnos la vida. Ésta ha sido durante un buen tiempo, desde que dejé la seguridad de la Orden religiosa, mi lucha espiritual: encontrar el justo medio entre contar con la seguridad básica para vivir y querer asegurarme la vida «de más».

«No lo permita Dios, Señor; eso no te puede suceder a ti».

Con sus reglas de discernimiento, san Ignacio nos quiere dar una colección de “leyes” válidas en toda ocasión y que nos ayuden para decidir si una moción es buena, para llevarla a cabo, o mala, para desecharla. También están encaminadas a proteger mi libertad de corazón

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

«También los perritos se comen las migajas que caen».