
Con sus reglas de discernimiento, san Ignacio nos quiere dar una colección de “leyes” válidas en toda ocasión y que nos ayuden para decidir si una moción es buena, para llevarla a cabo, o mala, para desecharla. También están encaminadas a proteger mi libertad de corazón

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

«También los perritos se comen las migajas que caen».

la clave de esta propuesta es la entrega o el darse: Dios creó el universo por medio de su Palabra (Jn 1,3) que luego, ese mismo Verbo (el logos de Dios) se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14) en la Persona de Jesús quien en la cruz entregó su Espíritu (Jn 19,30) de nuevo al Padre, para que en Pentecostés lo recibamos nosotros de parte del Padre y del Hijo glorificado.

Dos cosas son seguras: la palabra «Dios» existe, y no está de moda. ¿Quién no ha renegado de dicha palabra hasta casi eliminarla de su vocabulario o incluso desplazarla por otras más amigables como Amor, Universo, Misterio, Vida o Energía? ¿Sigue teniendo contenido la palabra Dios? ¿Se ha convertido en un mero fantasma lingüístico?

Son muchas y complejas las causas de los conflictos entre personas, grupos, naciones… una de ellas (ni la más frecuente, ni violenta…) son las diferencias entre las culturas y las religiones que por sí mismas —y, peor aún, combinadas con otras causas— han producido diversos conflictos.

«Tranquilícense y no teman. Soy yo».

Recordemos que en el discernimiento, a la hora de evaluar una moción, a la par que su contenido (la invitación concreta a la que nos sentimos convidados a responder), es fundamental tomar en cuenta el estado de ánimo que la acompaña.

En este artículo vamos a desarrollar algunas de las características de la crisis de la modernidad y su repercusión en el contexto juvenil actual, para después resaltar aspectos de la Espiritualidad Ignaciana que pueden ser de gran relevancia dadas las circunstancias del mundo que les ha tocado vivir.

«Vengan a mí, escúchenme y vivirán».