
El tema monjas y conventos está de moda últimamente y no solo por las de Belorado, ahí están también Rosalía y sus atuendos, Los Domingos o la genial Instrucción de novicias. Vidas del convento barroco para guiar tu presente. Aprovechando este repentino interés, y previendo que durará poco, es un buen momento para ampliar informaciones a quienes comentan

Dejarnos llevar por el dinamismo de la mística es aprender a escuchar con atención plena la realidad de este mundo. El filósofo Raimon Panikkar define este dinamismo como la «experiencia integral de la realidad». Esta experiencia no está encerrada en un estado pasivo o etéreo, sino más bien, entiende la mística como la capacidad de hacer conciencia plena que abarca todos los niveles: el sensible, el racional y el espiritual.

Es curioso que estemos por comenzar la tercera entrega de estas reflexiones comentando el segundo libro de la colección Dios para pensar del teólogo Adolphe Gesché y que no hayamos llegado a tratar directamente a Dios como temática.

¿Y si el deporte fuera algo más que competir, ganar o mantenernos en forma? En cada zancada, en cada canasta, en cada gol o en cada caída se esconde una oportunidad de descubrir quiénes somos y hacia dónde caminamos.

Las mociones que vienen de Dios no nos separan de la realidad de forma alienante, sino que nos envían y restituyen a ella como mensajeros de la Buena Noticia.

Uno de los problemas de los que actualmente se ha hablado como reto en jóvenes y adultos es el de mantener la atención, la concentración, la motivación o incluso el control de los propios impulsos.

La relación entre espiritualidad y cuerpo ha sido, en varias ocasiones, empobrecida por lecturas que separan la interioridad, la contemplación y el espíritu de la materia, del gesto y de la experiencia sensible. Sin embargo, tanto la tradición ignaciana como ciertas expresiones culturales comunitarias ofrecen una comprensión más integral de la persona.

Gassho, antes de entrar al zendo —una reverencia con las manos juntas a altura del plexo—, tener cuidado de no tropezar con la alteración de unos centímetros de altura puesta a la entrada del zendo para recordar estar presente, para tener los pies bien plantados y la conciencia bien alerta.

Hace unos meses acompañé a mi mamá a que le hicieran una operación de cataratas. Mientras estaba en la sala de espera, en la pantalla comenzó la película Los tres huastecos. No sé si entra en la categoría de gusto culposo, pero he visto toda la filmografía de Pedro Infante y Los tres huastecos es una de mis favoritas.

Hoy abundan las opiniones sobre lo que sucede con las y los jóvenes. Se dice que no tienen reglas, que se la pasan en las redes, que su sentido de vida está en riesgo, que se viven solos y solas, etc.