
Cuando un país experimenta un cambio radical, políticamente hablando, como el fin de una dictadura o una transformación democrática profunda, lo que regularmente sucede es un cambio de régimen, es decir, la confección de otras reglas para acceder, mantener, distribuir y generar contrapesos al poder político.

Nos entusiasma presentar esta selección de cuadernos con la que buscamos abordar el deporte como medio para la paz y el encuentro.

Hablar de paz en los tiempos actuales es un ejercicio que trasciende lo conceptual, lo ético, lo político o lo filosófico. Hablar de paz en los tiempos actuales es un ejercicio que trasciende lo conceptual, lo ético, lo político o lo filosófico. Es un anhelo que vivimos día con día y que se hace más fehaciente a partir de la realidad que enfrentamos actualmente en un país como México.

Durante el Mundial de 2014 Arjen Robben, de los Países Bajos, empujó el balón más allá de Rafa Márquez, de México, quien estiró la pierna y, en esa fracción de segundo, Robben simuló una falta, obteniendo el penal que dio la victoria, un momento inmortalizado como «no era penal».

Hay actividades humanas que, aun en su apariencia más sencilla, esconden una pedagogía profunda para la vida. El deporte es una de ellas.

¿Y si el futbol global no nació en los campos de Inglaterra sino en las selvas de Sudamérica? ¿Y si los jesuitas no sólo fueron testigos sino también mediadores y más tarde constructores de una forma de integración pedagógica que terminó por convertirse en un instrumento de formación?

El underdog no es simplemente el débil en una contienda deportiva —o de cualquier otra índole—, sino aquél que, desde el inicio, queda excluido de toda consideración competitiva y cuyo desafío inesperado a los más fuertes rompe la arrogante predictibilidad del destino.

¿Y si el deporte fuera algo más que competir, ganar o mantenernos en forma? En cada zancada, en cada canasta, en cada gol o en cada caída se esconde una oportunidad de descubrir quiénes somos y hacia dónde caminamos.

Fernando Ortíz Cueva, mejor conocido como Sofo, describe su vida como una búsqueda constante y un continuo preguntar. Así fue como llegó al celtismo.

Han toma como punto de partida las reflexiones de la filósofa francesa Simone Weil, utilizándolas como un contrapunto crítico que desmantela la lógica del yo del rendimiento, del consumo y de la dispersión, tan celebrada en la actualidad, para poner en el centro aquello que aún sostiene nuestra esperanza.