Editorial/ Deporte ¿vida en abundancia?

Este texto se escribe a 58 días del inicio de la Copa Mundial de Futbol 2026. Mientras el mundo se prepara para la mayor justa deportiva del planeta la realidad global se tensa con conflictos abiertos entre Estados nación que, desde su poderío militar y económico, parecen apostar por la aniquilación de sus adversarios. Un aparente juego de suma cero en el que todo se pierde o todo se gana, donde las reglas se desdibujan y la fuerza, la cerrazón y la soberbia se imponen.

Juegos de poder bélico que son alimentados por narrativas que incluso pretenden justificarse en lo religioso. Todos parecen querer a Dios de su lado. Imágenes, discursos, propaganda de guerra plagada de símbolos religiosos —como esa imagen en la que el propio Donald Trump se presenta a sí mismo como Jesús ayudando a los enfermos— configuran un escenario donde la verdad se diluye.

En este número no queremos hablar del juego desde la nostalgia de otro tiempo, sino como un lenguaje común de encuentro. Nos interesa mirar las posibilidades que habilita. Pensar el juego como una opción real de comunión, a pesar de nuestras diferencias, de nuestras creencias y de nuestras carencias; el juego como un sustento para la paz. Porque sabemos lo que hay en el otro lado del balón: el negocio, la distorsión de las simpatías, con unos por encima de otros, la ludopatía.

¿A qué juego estamos jugando cuando el destino de la humanidad comienza a leerse también en plataformas de predicción basadas en tecnologías financieras? En estos espacios la lógica del juego se desborda y roza en lo perverso: la vida, el dolor y la guerra convertidos en probabilidades de apuesta.

Detrás de estas dinámicas de poder estamos las personas de a pie, las bienaventuradas del Evangelio que seguimos anhelando una vida digna, marcada por la paz y la fraternidad de los pueblos. Por eso, así como el papa León XIV lo ha dicho fuerte y claro a los déspotas que gobiernan el mundo, seguiremos manifestándonos «enérgicamente contra la guerra, tratando de promover la paz». Que la competencia no se reduzca a ganar o perder, que la apuesta más urgente sea otra: recuperar el sentido del juego como espacio de humanidad compartida.

Equipo editorial de CHRISTUS 

Foto: © digitalstorm, Depositphotos

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