ver más

Adela no ha parado de buscar a su hijo, a pesar de que ella está en El Salvador, ha hecho todo lo que está en sus manos para dar con Alejandro, que salió de Soyapango a los 18 años porque las maras lo obligaban a unirse con ellos. Alejandro no tuvo otra opción y un día, después del trabajo, huyó sin decirle a su familia, ni a nadie. Dos días después se comunicó con su mamá para decirle que ya estaba en Tapachula, México. Llegó sin dinero ni ningún otro recurso para transitar por México, su hermano que también huyó y ya está establecido en los Estados Unidos le mandó dinero para que pudiera seguir su camino. 

Alejandro se comunicaba con su mamá todos los días para decirle dónde estaba, si había comido, y para contarle incluso sobre las personas que lo recibían en los albergues. Después de una semana Alejandro consiguió llegar a Sonora, el día que le comunicó a su mamá que había llegado a Hermosillo perdieron comunicación. Adela no se puede explicar qué fue lo que sucedió, al teléfono conmigo poco se le puede entender, entre lágrimas me proporciona la descripción física de su hijo y me autoriza compartir la información con colegas de otras organizaciones que trabajan haciendo búsqueda de personas migrantes desaparecidas.  

Desde el 2020 me sumé a los esfuerzos de la Compañía de Jesús en México para coadyuvar en la atención de personas migrantes en tránsito por México en la oficina del Programa de Búsqueda de Personas Migrantes Desaparecidas. La Compañía de Jesús mediante el Servicio Jesuita a Migrantes y el Servicio Jesuita a Refugiados atienden a cientos de personas extranjeras al año a obtener información clara y oportuna durante su tránsito por México. El servicio se brinda principalmente en las fronteras, desde sus oficinas de atención y acompañamiento psico-jurídico en Tapachula y Frontera Comalapa en Chiapas, así como en Ciudad Juárez, Chihuahua y en desde la oficina central en la Ciudad de México. 

Como jesuita en formación ha sido un regalo acompañar a los familiares de personas migrantes que han desaparecido en su tránsito por México. He constatado el dolor y el sufrimiento que surge de las entrañas de una madre que busca a su hijo y al mismo tiempo, esas madres y padres me han enseñado a reconocer la presencia del Dios vivo acompañándolos en sus procesos de búsqueda.  

“El Abba de Jesús estaba ahí con él en la cruz, sufriendo con él, nunca lo abandonó, así como tampoco nos abandona a nosotros”, me dijo una madre buscadora después de entrevistarme con ella para conocer su experiencia de búsqueda de su hijo hondureño desaparecido en México desde hace 3 años. En esta misión he constatado que la muerte no tiene la última palabra. 

Como Compañía de Jesús estamos invitados a atender las consecuencias de las migraciones forzadas en los lugares en los que trabajamos al rededor del mundo. Sin embargo, nuestra misión no termina ahí, ahora más que nunca buscamos comprender estos fenómenos, ubicar cuáles son sus orígenes, incidir en la creación de políticas públicas locales y regionales, anunciar las posibles salidas de la crisis internacional en la que nos encontramos y denunciar las atrocidades que las personas experimentan cuando se han visto obligadas a migrar.  

Con una mirada evangélica reconocemos que el Dios de Jesús los acompaña en su camino, sufre sus desgracias y frustraciones, baila a su ritmo y se goza con sus alegrías. Ese mismo Dios que hemos descubierto caminando junto a las personas en los fenómenos de migración forzada nos alienta y nos sostiene en nuestra misión de acompañar, servir y defender a las personas en contexto de migración forzada. 

4 comentarios

  1. Gracias por compartir esta maravillosa experiencia, me permiten compartir una síntesis en la Revista Redención, publicación bimestral de nuestra Congregación de Misioneras Eucarísticas de la Santísima Trinidad, bendiciones

  2. Felicidades por tu entrega y pasión por el Reino, por manifestar al Dios que acompaña, al Dios cercano que camina con su pueblo; eres ese Moisés que conduce al pueblo a la Tierra Prometida, una tierra en donde la enscucha y la cercanía para con el otro es indispensable y esto hace que el camino sea más ligero…. Dios te bendiga y cuenta con mi oración.

  3. Excelente artículo Máx. Muchas gracias por ayudarnos a seguir atentas y comprometidas, aprendiendo de esos hombres y mujeres que dan su vida por sus desaparecidos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete al boletín semanal

    Enlázate con
    Anterior
    Siguiente