
Con el rito de la imposición de ceniza iniciamos la cuaresma. Es significativo que la liturgia sugiera que la ceniza que se bendice provenga de los ramos que el año anterior proclamaron: ¡Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor!

«Misericordia, Señor, hemos pecado»

Puesto que el tema del “amor” es muy amplio, sería demasiado pretencioso, buscando su significado, pretender abarcar el panorama bíblico, y ni siquiera el Nuevo Testamento. Es necesario circunscribirlo en los límites que exige la naturaleza de este escrito.

«El Señor es compasivo y misericordioso»

Esta reflexión muy sintética surge de la costumbre de acompañar a las comunidades indígenas ñuhú, náhuatl y masapijní de la sierra de Huayacocotla, lo que hemos visto y oído en ellas, en contraste con la sociedad dominante.

Mucho se ha insistido, en años recientes, sobre cómo encarar desde la Iglesia católica, el reto de sostener la fe en un mundo fragmentado en su interior y amenazado en su propio devenir.

«Dichoso el que cumple la voluntad del Señor»

«El justo brilla como una luz en las tinieblas»

La invitación que nos hace Jesús en el Evangelio es justamente a movernos, pero ello tiene una particularidad, es una invitación a movernos para “convertirnos”, es decir, tomar otro camino, avanzar hacia otra versión de nosotras mismas, que nos haga sentir más amadas y amantes, y el argumento que nos da para convertirnos es que el Reino de los cielos está cerca, ¿será que ya está entre nosotros?, ¿que es una promesa y una realidad? ¿Cómo puede ser algo que es, que está cerca, pero todavía no?

«Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos»