
«El justo brilla como una luz en las tinieblas»

La invitación que nos hace Jesús en el Evangelio es justamente a movernos, pero ello tiene una particularidad, es una invitación a movernos para “convertirnos”, es decir, tomar otro camino, avanzar hacia otra versión de nosotras mismas, que nos haga sentir más amadas y amantes, y el argumento que nos da para convertirnos es que el Reino de los cielos está cerca, ¿será que ya está entre nosotros?, ¿que es una promesa y una realidad? ¿Cómo puede ser algo que es, que está cerca, pero todavía no?

«Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos»

Peregrinar nos es natural. La humanidad ha venido caminando desde sus orígenes (y quizá, también, hacia sus orígenes). Cada paso abre camino y teje, a su vez, la historia.

«El Señor es mi luz y mi salvación»

Muchas veces hemos escuchado las expresiones “el Dios vivo” o “el Dios verdadero”. Pero ¿qué significan y qué relación guardan entre ellas?

«Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad»

«Que te adoren, Señor, todos los pueblos»

La secularización, que desde hace tiempo ha transformado el estilo de vida de las mujeres y de los hombres de hoy, ha dejado a Dios casi en el trasfondo, como desaparecido del horizonte. Pareciera que su Palabra ya no es una brújula de orientación para la vida, para las opciones fundamentales, para las relaciones humanas y sociales. Pero debemos hacer una aclaración: cuando observamos la cultura en la que estamos inmers

Atención y esmero son una clave para descubrirnos en el tiempo, las relaciones, y los espacios que habitamos, pero, sobre todo, para poder percibir cómo es que la presencia de Dios se ha colado en los entresijos de nuestros ritmos vitales.