Evangelio del domingo 2 de agosto

«Vengan a mí, escúchenme y vivirán».

AGOSTO

  • Isaías 55, 1–3
  • Salmo 144
  • Romanos 8, 35.37–39
  • Mateo 14, 13–21

§ Como seguidores de Jesús tenemos el peligro de mirar a Dios como un cajero automático o una máquina expendedora que nos da lo que queremos cuando se lo pedimos. Una lectura superficial de los textos de hoy nos podría llevar a esa idea. 

§ En la primera lectura, Dios se muestra como aquél que da agua, trigo, vino y leche sin cobrar; el evangelio nos muestra a Jesús alimentando con comida sin límite. Si nos quedamos sólo en este Dios proveedor, dispensador de beneficios, generamos un falso Dios, un ídolo que está sujeto a nuestra necesidad. Así, cuando la vida no nos sonríe y ese Dios no resuelve, tenderemos a buscar otro ídolo que sí lo haga, que siempre cumpla nuestro deseo.

§ Para sanar esta imagen es importante reconocer los verbos que acompañan las acciones divinas. Dios da agua a quien está sediento y pan a quien tiene hambre. En el salmo, se muestra generoso con quienes lo buscan. Jesús alimenta a los que le siguieron para escuchar su palabra. Todas estas acciones muestran que lo principal es la relación que se genera entre Dios y su pueblo. Dios no es una cosa, es sobre todo Alguien con quien vamos generando una relación personal. Ésta es una relación de amor, en la que cada uno da al otro lo que tiene y puede. Si convertimos a Dios en cosa, no podremos generar un vínculo con Él y, lo más triste, pensaremos que su presencia se reduce a unas cuantas cosas pasajeras.

En su antropología, Karl Rahner dice que el ser humano es ‘oyente de la palabra’. Lo característico de las personas es esta apertura que tienen para algo que está más allá del aquí y el ahora. El ser humano está dispuesto a escuchar, y Dios se hace conocer, se comunica en todas las cosas. La plenitud de su comunicación se dio hace dos mil años cuando se hizo hombre y nos mostró lo que significa amar hasta el extremo. Es este amor que determina todo, el que san Pablo expresa bellamente. Nada ni nadie nos puede separar de su amor cuando nos relacionamos con Él, cuando abrimos los oídos a su Palabra.

Ilustración: ©Tzitzi Santillán

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Síguenos en nuestras redes sociales
Suscríbete al boletín semanal