
Durante el primer semestre de 2022 hubo numerosos debates en la arena pública: la apertura del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA); el informe del Grupo Interdisciplinar de Expertos Independientes (GIEI)sobre Ayotzinapa y proceso electoral rumbo al 2024.

Con la inauguración en 2021 del Sínodo de la Sinodalidad se puso en marcha un proceso que busca una transformación profunda de la Iglesia, que dé respuestas a los tiempos en los que vivimos, y que intente recobrar su verdadera identidad —con toda su riqueza y su pluralidad— como Pueblo de Dios en camino.

Al conmemorarse los 50 años de la institución del Sínodo de los obispos, el papa expresó en su discurso que «el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio».

Diversas voces y experiencias en el mundo nos han marcado un punto de partida: queremos ser una Iglesia sinodal. El papa Francisco, en su ministerio de procurar la unidad, ha recogido esta aspiración común y la ha propuesto como un camino que hemos de empezar a recorrer.

En febrero de 2020, sin saber las dimensiones de la tormenta que se venía sobre nosotros, y sin aún medir las consecuencias que tendría la pandemia, estábamos preparando el camino para la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe.

Un antecedente importante para el Sínodo de la Sinodalidad, inaugurado en 2021, fue sin duda, el Sínodo de la Amazonía de 2019, ya que fue un proceso de gran participación, muy amplio, que involucró a grupos de base, obispos, pastorales eclesiales y sociales y a otras organizaciones de este territorio.

El pasado 24 de febrero, el papa Francisco se encontró con estudiantes universitarios de América para escuchar sus preocupaciones y proyectos en torno a dos de los desafíos que experimentan los pueblos del continente: la migración y la búsqueda de refugio.

Recientemente, en torno al Sínodo, se ha generado un ambiente dinámico en la Iglesia que buscan, desde la conversación y el camino compartido, dar luz sobre las temáticas actuales que competen al pueblo de Dios.

Es común escuchar en estos tiempos que han muerto los profetas que levantaban su voz por la justicia y la esperanza, y que vivimos en una época donde se imponen las fuerzas de un capitalismo sin anhelo de igualdad, una violencia sin fronteras y sin distingos, y el miedo de una sociedad que se siente llevada irremediablemente a dinámicas de aislamiento y de «sálvese quien pueda»

En el primer trimestre de este año, nuestro país sufrió las consecuencias que nos dejó un 2021 bastante desalentador: una inflación mayor a 7%; un incremento en el precio de la gasolina y el aumento en el índice de la pobreza de 2%, lo que colocó a 55 millones de mexicanos en esta situación. Muchas familias experimentaron una ruda c