
José y María fueron una familia migrante, gracias a esta iniciativa nació Jesús en un humilde pesebre. Desde esas coordenadas emergió la esperanza de una noticia buena en el nacimiento del hijo de la luz.

En estas fechas la liturgia nos invita a saber esperar y a saber reconocer el nacimiento de Aquél a quien se espera, del Dios que quiere encarnarse por puro Amor, porque reconoce que así es como se puede redimir la humanidad. Sin embargo, en estos tiempos que vivimos, ‘esperar algo’ parece prácticamente imposible, ya no tenemos la costumbre de esperar.

La Navidad, en algunos momentos de mi vida, me resultaba más inquietante que significativa. Durante muchos años fue una experiencia más bien de privilegio, mezclada con una sensación de vacío.

Belén es un pequeño poblado de no más de doscientas casas apiñadas sobre un cerro, como un nido de palomas asustadas. En las pendientes suaves, que bajan al poblado, se mezclan la roca calcárea y los bancales de olivos, que descienden en sucesivas terrazas. Las casas, como cuadritos blancos, brillan bajo el sol en un cielo muy azul.

El cine es un fiel aliado cuando de mover el espíritu se trata. A continuación, les dejo cuatro recomendaciones de películas que fueron cuidadosamente seleccionadas, pues sus historias y personajes llevan consigo un mensaje de esperanza y renovación.

Ante la petición de dos personas de ser bendecidas, aunque su condición de pareja sea «irregular» (por ejemplo, una pareja homosexual o una pareja de personas divorciadas previamente), será posible que el ministro ordenado las bendiga, pero sin que este gesto de cercanía pastoral contenga elementos que lo asemejen a un rito matrimonial.

Navidad es más que encuentro, es la celebración de nuestra salvación. Quizá para muchos de nuestros contemporáneos la salvación no sea un tema que les interese mucho, por sentirlo muy religioso, poco accesible, misterioso o referido a otro mundo y alejado de sus necesidades de la vida cotidiana; sin embargo, todos buscamos salvarnos.

Hace unos días platiqué en El Refugio, casa del migrante en Guadalajara Jalisco, con dos mujeres migrantes cuyos nombres nunca olvidaré, más reservaré por seguridad. Ellas me platicaban a detalle cómo es que vivieron su paso migratorio por la selva del Darién, la frontera entre Panamá y Colombia y su entrada sin documentos a México.

¿Dónde estoy caminando? ¿Con quiénes estoy? Fueron algunas de las preguntas que me hice en mis primeros días de la experiencia Magis Internacional el verano pasado. No sabía realmente con exactitud la respuesta, fue como si las 11 horas de vuelo México–Portugal no me hubieran advertido de nada; al llegar sólo apreciaba a personas de todas partes del mundo, congregadas por un lazo invisible que, más allá de la distancia, el idioma o la situación política, se sentían unidas y entrelazadas por eso que me gusta llamarle «Dios».

Muchas veces me hablaba de ella, como si alguna vez fuera a dejarla a mi cuidado, como si nos la fuera a dejar como la más hermosa herencia jamás soñada.