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Las voces olvidadas de la primera evangelización

En este número dedicado a reflexionar sobre los 530 años de la evangelización cristiana en América no podemos dejar fuera las voces de quienes en aquellos años fueron muchas veces soslayados o, incluso, silenciados en ese primer proyecto. Sus culturas, su fe, su forma de comunicación con el Creador se vieron con sospecha y desdén. Muchas veces éstas fueron violentamente atacadas y mal comprendidas por quienes querían predicarles al Dios de la paz, la justicia y el amor. Por eso, queremos escuchar su voz directamente. Y presentar a nuestros lectores(as) estas entrevistas con jTatic Abelino Guzmán (jTA), del pueblo tzeltal en las comunidades de Chiapas, alguien que lleva más de 40 años colaborando en la misión como traductor litúrgico y es parte del consejo de ancianos del pueblo. Incluimos además a Ambrosio Nayab Serecam (AN) de 30 años y que pertenece al pueblo wampis en la frontera amazónica de Perú y Ecuador en el río Santiago-kanús, quien es catequista y animador desde hace diez años en su comunidad, siguiendo el camino de su padre. Nuestro último interlocutor, el maestro Alfonso González Gutiérrez (AGG), es miembro del pueblo rarámuri y pertenece a la comunidad de Pamachi en la Sierra Tarahumara. Como licenciado en Educación Indígena, trabaja como maestro intercultural de niños desde hace nueve años en los Centros Culturales que la Compañía de Jesús tiene en la Sierra Tarahumara. Las preguntas, planteadas de forma general, las hicieron tres jesuitas con los que dialogaron sobre su perspectiva sobre la evangelización hoy en su pueblo y el mundo. Se ha respetado la transcripción original, pues queremos conservar el modo de hablar de estas personas.

¿Cuál es su visión de los cambios que la evangelización ha tenido en los últimos años?

jTA: Sí, pues, sobre la propagación de la «palabra de Dios» que así se dice en tzeltal (spuquel ta halel te sc’op Dios), pues anteriormente el sacerdote es el que sabía y se le obedecía. Después se formaron los catequistas, tomando cursos en San Cristóbal de las Casas, dos, tres meses. Pero los catequistas recibían órdenes… bueno era más estricto, como en las escuelas. En las escuelas forzosamente tienes que hacer tu tarea, sino la hacías, no entrabas a clases. Igual aquí, igual en la religión, era forzado. Hubo un año en que expulsaron a los padres, entonces ¿quiénes se hicieron cargo? Los principales. Ahí hicieron cargo de todo, había la ceremonia, tan grande, que se hacía como no debía ser… había una exageración también, había alcohol. En la Iglesia había baile y dicen que «veneraban a la piedra». Hay una estela ahí en el convento, entonces que a eso le prendían vela. Pero eso no era que estuvieran hablando a la piedra, sino que era un recordatorio de los antepasados. Como yo hubiera hecho también. Pero llega la misión y quita todo eso. Nada más quedan las «tres hincadas». Pero, hace no sé cuántos años dicen que hubo un momento en que se pidió perdón porque la evangelización había estado muy fuerte, había estado muy exigente y eso repercutió mucho en nuestras creencias tradicionales. Cuando hubo el perdón, volvieron a entrar. Estamos traduciéndola, traduciendo la evangelización que viene de allá. No es que hayamos hecho una evangelización como debe de ser. Es exhortación… es tijel jol’o’tanil. Nosotros también tenemos a Dios, vamos a ver cómo y de qué manera lo vamos a ver.

AN: Con respecto a la conmemoración de los 500 años de la evangelización en América, anteriormente no sé bien, pero nosotros teníamos como cultura wampis ritos y mitos. Esos ritos y mitos como que se han perdido. Los ritos ancestrales que nosotros tuvimos nos acercaban a Dios, pero los que han venido de afuera no entendían que eran para Dios. Por eso podemos recoger los ritos que son buenos y practicar en celebración, mejorar en lo que se puede modificar, se puede hacer de otra forma, podemos rescatar viendo nuestro contexto en que vivimos nosotros.

AGG: En Samachique, a la gente le gusta el trabajo de los padres jesuitas, sobre todo, yo creo, a la gente rarámuri. He escuchado a la gente decir que la forma de trabajar de los padres les gusta, sobre todo porque promueven las fiestas, las danzas y los tesgüinos (bebida tradicional fermentada hecha de maíz). Esto ayuda a que la identidad rarámuri se conserve. Yo he visto que en otras religiones (iglesias no católicas) empiezan a prohibir las costumbres y tradiciones a la gente y esto empieza a generar diferencias y divisiones. El trabajo que hace la Iglesia al apoyar nuestras fiestas está bien. A la gente le gusta mucho cuando los padres acompañan y están presentes en las fiestas o en ritos tradicionales como curaciones o nutemas, que es el rito funerario, y acompañan bebiendo (tesgüino) o bailando (las danzas tradicionales) y no nos ven como si fuéramos diferentes. Así nuestras costumbres se siguen haciendo y no se pierden.

¿Cuál es su colaboración como evangelizadores en sus propias comunidades?

jTA: Buscamos que las traducciones vayan de acuerdo con la cosmovisión del tseltal, con términos litúrgicos. Nosotros como traductores somos puente, y yo cuando estoy traduciendo estoy platicando con ellos: traduzco al papa y el papa está aquí, estoy hablando con el papa, de manera que cuando lean, estén viendo al papa. Como cuando traduje la Biblia igual, estoy viendo a san Pedro, estoy viendo a Jesucristo, de qué manera estaba, dónde estaba, si estaba de este lado o de este otro… Se debe escribir como debe de ser la escritura también. Pero de eso se trata. Así es lo que hago y trato de hacer, me esfuerzo, por eso me lleva tiempo, para poder plasmarlo en tzeltal culturalmente. ¿Será que le entienden aquí? Digamos que no es tan exacto que digamos, pero tratamos de que sí. Entonces de tal manera que el que lo vaya a leer, que de verás sepa leerlo, que se instruya.

AN: A mí me gustaría evangelizar anunciando la palabra de Jesús y siempre comparando con nuestros cuentos, con nuestros mitos, porque algunos mitos coinciden con la palabra de Dios, pero no están escritos. Y eso podemos explicar con los jóvenes en qué nos ayudan desde nuestra cultura, ver nuestra realidad, y con esa forma de nuestra parte podemos evangelizar, porque en la actualidad los jóvenes ya no saben nuestros mitos; ya se está perdiendo y podemos recuperar porque sin saber eso, no podemos hacer nada. Nuestros ancestros enseñaban a sus hijos oralmente, así eran nuestras enseñanzas por eso no se han visto escritos y podemos rescatar.

Foto: Alfonso González Gutiérrez en un centro cultural de la Sierra Tarahumara, © Rodrigo Espinoza S.J.

Modificar algunas cosas de celebraciones atravesando nuestra cultura, viendo nuestra realidad. Hay algunas cosas que son un poquito más duras de comprender en nuestra cultura. Por ejemplo, en algunos momentos de la celebración hay ritos como decir la hostia, para nosotros se puede modificar esa parte donde el padre levanta la hostia y el vino, eso para nosotros se puede cambiar viendo nuestra realidad de cultura wampis, así para el momento de comunión, podemos usar material de la zona como yuca. Transformando esas cosas y dando capacitaciones, talleres, formando, animando y dando charlas así podemos ir construyendo una nueva organización con los jóvenes, animando para que sea más atractiva la iglesia, más llamativa, con cantos de nuestra cultura, con nuestros instrumentos como el fufua, tambor, ker, todo esos instrumentos que nosotros teníamos, ahora nadie hay viejo que nos pueda orientar, me gustaría aprender eso para practicar en celebración y así podemos organizar para ver cómo se puede hacer para instruir a los jóvenes.

AGG: A veces se desconoce el sentido o significado de por qué hacemos ciertos ritos o prácticas; yo he rescatado mucho esto al estar trabajando en los Centros Culturales. Además, al estar en las fiestas uno va retomando lo que se le va olvidando. Nuestro trabajo en los centros ayuda a acompañar las fiestas y prácticas rarámuri y a entenderlas mejor.

¿Cómo responde la evangelización actualmente a los jóvenes indígenas en sus comunidades?

jTA: No sé qué ha pasado, pero anteriormente, no hace mucho que digamos, en la Iglesia había mucha gente, y ahora nomás ves 10, 15… más mujeres, no ves a jóvenes ahí, si es que no tienen un compromiso de boda o que son papás también y tienen que estar ahí para que se les dé su boleta, ya después desaparecen. Luego los catequistas no están preparados para los niños. Es un tzeltal de antes. Mi hija María decía, no entiendo el tzeltal que dice. El catequista está preparado según el catecismo anterior, entonces el niño no le vas a decir con palabras que no va a entender.

AN: Lo que más animaría en la iglesia es preparar, orientar a los jóvenes, llamarlos y prepararlos. Acá hay pocos jóvenes que participan y hay que preparar a los jóvenes para que estén en su comunidad haciendo el trabajo de los sacerdotes, predicando, celebrando, preparando para sacramentos, pero eso depende de la voluntad del joven que quiera participar, porque no hay jóvenes que participen y tenemos esa dificultad y tenemos esa deficiencia para salir adelante.

Foto: © Ambrosio Nayab Serecam y su padre en la selva amazónica, © Diego Pelaez, S.J.

¿Qué piensan del llamado a la evangelización del papa Francisco?

jTA: Importante eso del perdón, de que debemos de perdonarnos ambos, porque el perdón trae comunidad y todo. Nosotros en tzeltal decimos, pasó un perdón. En tzeltal será tupbon ta awotan que es difícil, el pedir es lo más fácil, pero el perdonar es más difícil. Casi no se entendió sobre la… ¿cómo se dice cuando lo matan? Lo que hay en Estados Unidos pues… Loquel c’op lahel. Cuando hay un preso que no sé porque le ponen la pena de muerte también, entonces sale una orden, hay un dictamen, que dice: «que se muera», y aquí no lo estamos haciendo, ¿será que lo estamos haciendo? Pues no, no se puede, pero ya se está pudiendo. Ellos pues siquiera no sufren, les ponen una electricidad y ya, no lo fusilan. Pero aquí agarramos a uno y decimos que lo quemen, y ahí estamos también. Aquí pusieron un letrero: aquí no queremos bandidos porque logramos agarrarlo y nuestra ley es quemarlo. Yo si tengo duda, a lo mejor si lo hacen o no lo hacen, lo queman pues. Ya lo estamos haciendo, no vayamos a caer en ese error.

AN: Esta celebración cultural enwampis es lo que es para mí Querida Amazonía; es rescatar, no dejar que la Amazonía, su cultura, sus riquezas, sus mitos, sus cosmovisiones buenas se mueran, que no desaparezcan y eso podemos rescatar. Volver a vivir lo que era bueno y así construir con los jóvenes nuevos y pasar a otros para que los jóvenes sepan qué es lo bueno en nuestra cultura. Es importante para que nuestro rostro amazónico no se pierda porque hay bastantes grupos como wampis que están perdiendo y esto es a causa de no valorar nuestras culturas.

jTA: Ya hay dirigentes y ya tenemos nuestros sustitutos de los principales anteriores, pero que se dediquen a eso, y que no se saturen mucho en sus compromisos, aunque sea de su cargo como diácono o como religioso entregado. Porque eso hace que… desconfíen. No vas a piscar nada si no sabes dónde vas a piscar, no es tu terreno. Debemos ser precavidos debemos usar nuestra mente, nuestro corazón, no vayamos a caer que nosotros vamos a ser guía de nuestros hijos. A mí me gustan las preguntas, por ejemplo, nos juntamos con Pancho y Manuel, ¿qué es lo que debemos de hacer? A ver, un discernimiento, cuál es mejor esto o esto. Un discernimiento, y qué es lo que me interesa, lo que es de interés. Platicar, que haya un momento en el que platican. Y el asesor va con ustedes… porque tienen que invitar ustedes, en diálogo. Y también que no hay que despreciar la sabiduría de los antiguos. Hay que estar pegado a ellos. Eso dice el papa también, que hay que dialogar con las personas mayores. No decimos viejo, me’el mamal, (anciana o anciana) no sino mach’a col abi (quien ya está maduro), aunque alguien puede ser no me’el mamal, estrictamente, sí puede ser me’el mamal, porque hay unas personas, aunque no estén viejos, no estén ancianos, que también tienen sabiduría.

AN: Todo esto pienso que es para mí la iglesia sinodal, es no estar ahí nomás en el mismo lugar sino salir de un lugar e ir a otro a anunciar para predicar a las personas que no conocen. Llamar a las personas, incentivar a que las personas que no escuchan contarles la realidad que el Señor estuvo y anunciar su palabra con él, en sus situaciones, para poder ayudar en formación de su fe, para mí eso es la sinodalidad, salir, anunciar, evangelizar todo eso.

¿Qué tenemos que cuidar actualmente para sostener la evangelización?

jTA: Pues seguir invitando, yo creo que sí hay programas para eso, no creo que estén tan abandonados los jóvenes porque he visto que sí tienen oportunidades. Pero fortalecer, enfocar más la evangelización sobre… no sé palabras adecuadas, y primeramente que esté preparado el que va a enseñar, porque ahorita la televisión, el teléfono, los celulares y las drogas. Nuestros jóvenes se están yendo allá, están abandonando también sus tierras, están abandonando a sus papás, mujeres maltratadas, mujeres que han quedado sin esposos, porque se van sus esposos, familia que ha abandonado a sus hijos, papá que ha abandonado a sus hijos; y ¿qué es lo que pasa? Ya sabemos, vende su tierra… mamás solteras, y todo eso, bueno a lo mejor y eso es lo que ya está pasando, pero bueno hablar sobre eso.

AN: Otra cosa es ver a las mujeres, ya somos iguales, hombres y mujeres somos iguales. Las mujeres también pueden participar, pueden organizar y hacer celebración, pueden dirigir la palabra, pueden leer, es importante la mujer porque los hombres somos pocos y también necesitamos ayuda de las mujeres, se pueden capacitar más para que vayan para la evangelización, cómo pueden hablar frente a las personas para que las mujeres puedan participar.

AGG: En los Centros con los niños enseñamos todo esto: el modo y sentido de cada fiesta y a quién o por qué se hace. También invitamos a la gente a que pase a saludar a la Iglesia los domingos. Los domingos la gente viene a saludar a la iglesia, aunque no estén los padres. Yo en el Centro Cultural que trabajo es en la comunidad de Pamachi, y como no soy de aquí primero tengo que observar las costumbres de la gente para luego poder promoverlas, pues en cada lugar es diferente. En Samachique yo he aprendido las costumbres de mis papás y sé mejor cómo son. Es muy importante siempre respetar el modo como la comunidad hace sus tradiciones. Yo aprendí a tocar el violín y a través de la música colaboro en nuestras fiestas y tradiciones. Sé qué música se toca, por ejemplo, en curaciones para traer buena salud, en ofrecimientos o para despedir. Para saber esto, uno tiene que estar muy metido en las fiestas, para ir conociendo cada vez más. Cuando no entendemos las fiestas vemos que nada más se hacen porque sí. Yo también soy pascolero (danzante de música tradicional) y he entendido que se tienen que hacer bailes de tres piezas por nuestra creencia de que tenemos tres almas. Esto es algo que viene de Onorúame (quien nos prestó la vida).

AN: Es importante que la celebración y la evangelización sea cultural, hacer practicar esa parte a los sacerdotes. Que los que vengan también practiquen, que hablen wampis, que formen parte de esta familia wampis y no sólo wampis, sino en otras partes donde haya indígenas, porque mayormente se ha visto que celebran en occidental y no se hacen ritos como nosotros, no hay nuestras vestimentas, no hay materiales de nosotros. Yo estaba pensando por qué un sacerdote no se puede hacer de esa manera. Bueno, conocí un sacerdote, padre Manolo, que sí hacía esos ritos. Tenía sus vestimentas, su corona, su bastón, hacía todos esos ritos dewampis una parte y otra parte de occidental de su cultura. Entonces eso a mí me gustaba bastante y eso se ha perdido estos años porque falleció. No se ha practicado desde que yo era niño, pero yo cuando crecí pensé hacer eso, renovar y retomar y practicar lo que he vivido, ver y levantar lo que se está perdiendo y eso me gustaría que los padres sacerdotes practicaran donde se vayan.

Foto: Avelino Guzmán en Chiapas, © Francisco Saragoz Gómez

jTA: Mira, para mí que la Palabra de Dios, primeramente, llega con tu oración como debe de ser, después pedir la gracia y la bendición, y el catequista y el principal es el que va a orar, y que estén escuchando los niños; que esté siempre el principal ahí para que oren. Sí, para que se oiga… van escuchando, y el que se interesa a lo mejor va preguntando. Puede ser valiosa la traducción inculturada de las oraciones tradicionales, tienen su valor, pero hay que fortalecer también el rezo de los principales, que es más espontáneo y tiene una tradición que también tiene su valor.

AGG: Es importante que como pueblo rarámuri sepamos comportarnos como Él nos manda al ser hijos de un mismo Padre. En cada fiesta, curación o Yúmare (un rito religioso central en la cosmovisión rarámuri) estamos fortaleciendo nuestra relación con Onorúame. En el Yúmare el wikaarame (cantador) canta para que Onorúame haga presencia en la fiesta. Todo lo que hacemos está en relación con Onorúame, pues en un primer momento todo lo que nos rodea Él nos lo dejó. Desde chicos a nosotros (los rarámuris) nos enseñan a respetar todo lo que nos rodea: a los viejitos, a los hermanos o a los vecinos. En el trabajo que hacemos en el Centro tratamos de transmitir a los niños estas enseñanzas. 


Entrevistas realizadas por Rodrigo Pinto, S.J. (Abelino Guzmán), Rodrigo Espinoza, S.J. (Alfonso González) y Diego Peláez, S.J. (Ambrosio Nayab).

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