
Cuando hice los Ejercicios Espirituales, el sacerdote que fue mi acompañante me recibió con un: «si hay alguien que no esté de acuerdo en estar aquí, puede tomar sus cosas y retirarse». Lo primero que me vino a la mente fue: «¿Cómo sabe qué es lo que siento?».

El rabino y filósofo Abraham Joshua Heschel habla del «asombro radical» ante la Creación y de la conciencia de lo divino a partir de este asombro, nunca hay que referirse a la Naturaleza como algo casual, todo cae en la maravilla.

Durante los primeros meses de este año, se experimentó el peor momento de la pandemia del covid-19; se contaban hasta entonces 2 millones y 167 000 casos confirmados de contagio y casi 195 000 defunciones, pero en el escenario nacional hubo además dos aspectos que merecen la pena recuperarse en esta entrega, me refiero a los datos del Censo 2020 y al preámbulo del proceso electoral que comenzó en abril en la mayoría del país.

Un estudiante en un curso me preguntó: «Porque necesitamos ecoteología, si el seguimiento a Jesús debería llevar automáticamente a un estilo de vida armoniosa con el planeta». Yo estaría de acuerdo con él, si no fuera por el hecho de que otros estudiantes me cuestionan frecuentemente: «¿ecología y teología… cómo establecer un vínculo?

El tiempo actual nos plantea una vez más diversos desafíos. Sin embargo, es posible pensar que en esta ocasión los problemas y las urgencias son distintas. Dicen que cada época posee sus propias batallas.

El ser humano, desde que ha habitado en este mundo, se ha maravillado de él y se ha preguntado sobre su origen, sobre cómo funciona y cuál es el lugar que en él debe ocupar. Muchos pueblos antiguos

México es una nación multicultural, como lo reconoce la Constitución en el artículo segundo. Una parte mayoritaria de sus habitantes se ha educado en el seno de la cultura llamada moderna, hegemonizada por el pensamiento científico y técnico.

No hay un solo antropocentrismo, sino diferentes formas y algunas consecuencias importantes teóricas y prácticas que de ahí derivan.
Se requiere de adecuada comprensión del mensaje bíblico, en especial del de Jesús mismo, lejos de justificar la depredación ecológica economicista, exige una justicia entre los pueblos y también respecto a la naturaleza.

Gracias a mi trabajo y a los pueblos indígenas y campesinos de nuestro país he aprendido a querer otras tierras, otros territorios, sobre todo, he aprendido lo que significa protegerlos, preservarlos ante el despojo que buscan empresarios y gobiernos para llevar a cabo proyectos mineros, de hidrocarburos, infraestructura, monocultivos, entre otros.