Editorial

Julio – Agosto – Septiembre 2021

El rabino y filósofo Abraham Joshua Heschel habla del «asombro radical» ante la Creación y de la conciencia de lo divino a partir de este asombro, nunca hay que referirse a la Naturaleza como algo casual, todo cae en la maravilla. 

Como cristianos y desde una mirada de fe, el asombro camina paralelamente a un sentido de respeto a lo creado, como el que siempre han tenido muchos pueblos originarios, tan paradójicamente excluidos de la civilización occidental de raíz europea. Desde este planteamiento, podemos hacernos varios cuestionamientos: ¿Por qué hemos perdido la visión de la comunión de todas las criaturas como algo sagrado? ¿Qué significa estar en un mundo/universo constituido de procesos físicos y químicos y ser parte de los innumerables procesos de la Naturaleza que involucran a todos los seres vivos? ¿Cómo es posible que por siglos hayamos convertido nuestra diferencia como criaturas en una jerarquía que subordinaba a todas respecto del ser humano, perdiendo la visión original del Génesis donde Dios da la misión al hombre y la mujer de ser administradores para bien de todas las criaturas? 

Nuestra dignidad como personas es muy valiosa, ciertamente no debemos renunciar a ella, pero es importante repensarla desde la dignidad concomitante de las demás criaturas y de la Madre Tierra como expresión unitaria de todas ellas. Esta perspectiva nos llama a reconocer nuestra vulnerabilidad y finitud, no como una amenaza, sino como el modo particular en que hemos sido llamados a colaborar para hacer presente la bondad de Dios que renueva, embellece y libera al mundo de los riesgos de destrucción que nuestra ceguera y soberbia puede introducir en él. 

Esta es una de las lecciones de la reciente pandemia, en donde todos los escenarios se trastocaron a partir de un minúsculo virus y que nos ha significado un reto a hacer nacer un mundo más solidario y comprometido con la salud y bienestar de todas las personas, todavía una tarea pendiente para toda la humanidad.

La defensa de la Tierra y todos los seres vivientes, sus hábitats, el aire, el agua, el suelo, es ya parte de las corrientes teológicas contemporáneas. Del «asombro radical» se desprenden ahora —a partir del más humilde reconocimiento de que somos parte de un Misterio mayor que genera la vida en todos los seres—, nuevas voces y nuevos criterios. No podemos hacer teología sin gozar y defender esta vida. No podemos hablar del Creador sin reverenciar y respetar su Creación, expresión de su proyecto de bondad y gozo para todas las criaturas. 

Fraternalmente
El equipo editorial de Christus

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