Venimos cargando con un prejuicio que no únicamente es falso, sino perjudicial: que la teología es un saber cerrado, apologético, que gira sobre sí mismo repitiendo dogmas y forzando a la gente a creer enunciados irracionables, en pocas palabras, que la teología es un pensamiento en contra del pensamiento, un discurso estático y negado a todo cuestionamiento, dedicado a repetir doctrinas que no se atreven a poner en duda. Esto no es solamente falso, sin que por otro lado se niegue la existencia de casos que parecieran sustentar ese prejuicio, sino una idea limitadora del pensamiento.
Para Adolphe Gesché, «la hipótesis Dios o la idea de Dios —tanto en el caso del creyente como de aquel que no lo es— puede ayudar al hombre a pensar». De los creyentes podría surgir la objeción de que de hecho se puede pensar sin apelar a Dios, lo cual es cierto. Mientras que los no creyentes, por su lado, pueden mostrar resistencia al percibir que un concepto como el de «Dios» se avecina al de pensamiento. ¿Puede entonces «Dios» dar que pensar? ¿Puede ser la teología y sus abordajes un saber digno de los retos a los que el pensamiento contemporáneo se enfrenta?
Gesché sostiene que para pensar algo bien es necesario llegar hasta el fondo del asunto, al límite de los medios de los que se dispone: «en este sentido, la idea de Dios, incluso como puro símbolo o pura abstracción, representa en la historia del pensamiento la idea más extrema, aquella más allá de la cual no existe ya ningún último concepto, falso o verdadero». Solamente llevando la cuestión hasta su límite es que puede cuestionársele realmente. Así, la noción de «Dios» vuelve a ser una puerta, en su calidad de concepto límite, para pensar algo seriamente. Y es que así ha sido «siempre que el hombre se ha visto en la necesidad de comprenderse, no le ha quedado más remedio que llamar a la puerta de los dioses». A saber, tocar un límite, un exceso, algo que desborde lo dado para romper el inmanentismo en el que de pronto puede estancarse un pensamiento encerrado en sí mismo. En ese sentido, la teología sería todo menos un pensamiento de puertas cerradas, ya que está abierta a la interpelación más radical proveniente de la idea límite por antonomasia: Dios.

Pensar algo desde Dios es pensar ese algo hasta el fondo, hasta el límite. La teología busca pues la verdad desde este exceso que es Dios. En otras palabras, no es lo mismo pensar el mal como fenómeno histórico a pensarlo desde Dios, o pensar el sentido de la vida en términos psicológicos a pensarlo desde Dios. «La teología, al ocupar su sitio entre los discursos humanos, pone de algún modo a Dios en cuestión o esa cuestión en Dios, introduciendo el argumentum Dei (como tesis y como hipótesis) en el conjunto de los argumentos», dice Gesché.
Pensar cualquier cuestión desde Dios es abrirse a insospechadas aristas y dimensiones de ésta, tanto para el creyente como para el no creyente. La teología tiene entonces algo único y específico que decir, que no puede ser dicho ni por la ciencia ni por la filosofía secular. Negarse a escuchar la palabra de la teología es negarse a un punto de vista que no provendrá de ningún otro lado, volviendo a los discursos seculares que imponen esta negación los verdaderamente dogmáticos y encerrados en sí mismos.
Pensar cualquier cuestión desde Dios, o a Dios en cualquier cuestión, no es una aproximación dogmática. Por el contrario, es un cuestionamiento en sí de Dios, el cual se convierte en foco de examinación. De este ejercicio, ésa es la hipótesis de Gesché, el ser humano se beneficia pues es capaz de alcanzar luces para el pensamiento a las que no llegaría por otra vía. Por lo tanto, hablar «de Dios, hacer teología, es una manera de pensar la vida».
Este es el primero de una serie de textos que buscan comentar la obra de Gesché Dios para pensar, constituida por siete libros, cada uno aborda una cuestión desde Dios y a Dios en la cuestión: El mal, El hombre, Dios, El cosmos, El destino, Jesucristo, El sentido. Las siguientes entregas tratarán de seguir la invitación de Gesché a pensar cada una de estas cuestiones. Lo haremos de la mano de sus libros, asumiendo de igual manera la propia mirada sobre cada temática.
Para saber más:
Adolphe Gesché, El mal. Dios para pensar I. Salamanca, 2024.






