
Para Adolphe Gesché, «la hipótesis Dios o la idea de Dios —tanto en el caso del creyente como de aquel que no lo es— puede ayudar al hombre a pensar». De los creyentes podría surgir la objeción de que de hecho se puede pensar sin apelar a Dios, lo cual es cierto. Mientras que los no creyentes, por su lado, pueden mostrar resistencia al percibir que un concepto como el de «Dios» se avecina al de pensamiento.

En un tiempo en donde el adjetivo de «humano» se ha diluido a tal grado que corremos el riesgo de que entonces ya nada lo sea, preguntarse por aquellas experiencias que posibilitan y delimitan lo humano no se reduce a un mero ejercicio académico o interpretativo.