
Si el mundo fue creado por Dios como otro, esto significa que Dios no creó cosas fijas. El ser humano no es el único creado a imagen y semejanza. Como vimos, el cosmos es el primer acto de donación y en cada donación viene consigo el sello del donador.

En teología pueden reconocerse tres grandes dimensiones: la divina, la humana y la cósmica. Hemos abordado las dos primeras. Adolphe Gesché denuncia en el volumen sobre el Cosmos de su obra, Dios para pensar el gran olvido en el que la tradición cristiana ha hundido a la tercera

María de los Ángeles Gómez Pérez es originaria de Chilón, Chiapas, y forma parte del CABVI o Centro de Armonía y Buen Vivir de la Misión de Bachajón atendida por los jesuitas.

Dos cosas son seguras: la palabra «Dios» existe, y no está de moda. ¿Quién no ha renegado de dicha palabra hasta casi eliminarla de su vocabulario o incluso desplazarla por otras más amigables como Amor, Universo, Misterio, Vida o Energía? ¿Sigue teniendo contenido la palabra Dios? ¿Se ha convertido en un mero fantasma lingüístico?

Es curioso que estemos por comenzar la tercera entrega de estas reflexiones comentando el segundo libro de la colección Dios para pensar del teólogo Adolphe Gesché y que no hayamos llegado a tratar directamente a Dios como temática.

Fernando Ortíz Cueva, mejor conocido como Sofo, describe su vida como una búsqueda constante y un continuo preguntar. Así fue como llegó al celtismo.

«Si Dios y el hombre son inocentes según el relato bíblico del Génesis, el verdadero primer problema de la responsabilidad puede plantearse de este modo: ¿cómo obrar ante el mal? ¿Qué hay que hacer? ¿Cómo salir de él?», se pregunta Adolphe Gesché

¿Por qué iniciar con el mal para pensar en y desde Dios? Porque hoy, al igual que siempre, el mal continúa siendo el mayor escándalo al que nos enfrentamos. ¿Podemos imaginar una mejor puerta de entrada que el mal para investigar qué sucede cuando se piensa una cuestión desde Dios y a éste desde dicha cuestión?

Para Adolphe Gesché, «la hipótesis Dios o la idea de Dios —tanto en el caso del creyente como de aquel que no lo es— puede ayudar al hombre a pensar». De los creyentes podría surgir la objeción de que de hecho se puede pensar sin apelar a Dios, lo cual es cierto. Mientras que los no creyentes, por su lado, pueden mostrar resistencia al percibir que un concepto como el de «Dios» se avecina al de pensamiento.

Roberto Carlos Ábrego forma parte de la Iglesia anglicana en la diócesis de Europa, en Alemania, pero ha experimentado en carne propia el ecumenismo al provenir de una familia con raíces en distintas iglesias y al haberse formado en la Compañía de Jesús.