Editorial/ Sentido de vida y juventud

En el Evangelio de Mateo (25, 1–13), Jesús narra la parábola de las diez jóvenes que esperan toda la noche la llegada de sus futuros esposos. Al concluir, Jesús deja una llamada que sigue resonando hoy: «Permanezcan despiertos, porque no saben ni el día ni la hora». ¿Qué significa permanecer despiertos en una época que parece empeñada en distraernos?

La palabra vocación proviene del latín vocatio, que quiere decir «acción de llamar». No se trata únicamente de una inclinación hacia un oficio o una profesión, sino de una voz que llama desde lo más profundo del ser. Es una invitación a descubrir para qué hemos sido creados y cómo nuestra vida puede convertirse en un don para los demás.

Pero, ¿cómo escuchar ese llamado cuando no sabemos todavía de qué estamos hechos? ¿Cómo reconocer la voz de Dios entre el incesante ruido de las pantallas, los algoritmos, las guerras transmitidas en tiempo real, la violencia cotidiana y las múltiples promesas de éxito inmediato? La vocación es un camino de discernimiento, una manera de aprender a escuchar con profundidad aquello que acontece en el corazón y en la realidad.

Si bien solemos asociar la vocación con la ju­ventud, en realidad se trata de una pregunta que acompaña toda la vida. Los testimonios tanto de jóvenes como de quienes los acompañan ofrecen pistas valiosas para comprender ese proceso, y sus búsquedas y certezas resultan profundamente esperanzadoras. Porque sólo en la medida en que nos permitimos interrogarnos por esas preguntas que subyacen a la persona, sea joven o adulta —¿quién soy?, ¿para qué estoy aquí?, ¿a qué me llama Dios?— es como entendemos la profundidad del mensaje de Dios que es Trinidad.

Por eso, aprender a leer la esperanza desde el sentido y con las juventudes es también aprender a sostener un vínculo de fidelidad con Dios que nos permita reconocer su presencia en nuestra historia y responder una y otra vez, con libertad y generosidad, a su llamado. En un tiempo de incertidumbre, resulta casi contracultural que la vocación deje de ser sólo una búsqueda individual para convertirse también en una forma concreta de construir futuro.

Equipo editorial de CHRISTUS 

Foto: © Cristopher Callejas, Cathopic

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