
Llevo más de cuarenta años compartiendo Ejercicios Espirituales (EE) a muchos ejercitantes, Pero, sobre todo, he tratado de experimentarlos. Nadie puede hablar del Señor Jesús sin haber sido tocado por la Palabra.

El año ignaciano nos presenta la oportunidad de convertirnos y revisar la propia interioridad, como lo hizo san Ignacio después de un largo camino.

Cuando hice los Ejercicios Espirituales, el sacerdote que fue mi acompañante me recibió con un: «si hay alguien que no esté de acuerdo en estar aquí, puede tomar sus cosas y retirarse». Lo primero que me vino a la mente fue: «¿Cómo sabe qué es lo que siento?».

El Examen (Ejercicios Espirituales, 43) y el uso de la imaginación en las Contemplaciones ignacianas (110-114) son dos canales eficaces para cultivar una mayor conciencia de la presencia de Dios en la vida interior.