
La palabra vocación proviene del latín vocatio, que quiere decir «acción de llamar». No se trata únicamente de una inclinación hacia un oficio o una profesión, sino de una voz que llama desde lo más profundo del ser. Es una invitación a descubrir para qué hemos sido creados y cómo nuestra vida puede convertirse en un don para los demás.

La vocación no comienza cuando alguien encuentra una respuesta definitiva, sino cuando se atreve a formular las preguntas necesarias que orienten su vida. Los cinco cuadernos que integran este número buscan acompañar la búsqueda de la vocación en las juventudes desde distintas perspectivas.

La manera de construir conocimientos a partir de experiencias aparentemente descomplejizadas es diametralmente opuesta a la de los adultos nacidos durante la segunda mitad del siglo XX.

Hay preguntas que no se hacen una sola vez. Se hacen en capas, con distintas voces, en distintos momentos de la vida. Una de esas preguntas es: «¿A qué me llama Dios?».

El siguiente cuaderno reúne las historias de cuatro jóvenes que, desde sus propios testimonios, comparten los caminos, las búsquedas y las circunstancias que han dado forma a la esperanza en sus vidas

Acompañar a jóvenes ha sido una de las experiencias que más ha transformado mi manera de comprender la esperanza.

Es un hecho constatable que la época actual es una marcada por la intranquilidad, la incertidumbre y la crisis.

Las realidades juveniles de hoy no podrán plantearse un proyecto de vida que les dé sentido o rumbo si no han experimentado la profundidad de la esperanza.

María de los Ángeles Gómez Pérez es originaria de Chilón, Chiapas, y forma parte del CABVI o Centro de Armonía y Buen Vivir de la Misión de Bachajón atendida por los jesuitas.

La desestabilización del mundo, de la que no somos meros espectadores, tiene un impacto dramático en la vida cotidiana de todos y, en particular, de los pobres.