Una topología de la alegría

La desestabilización del mundo, de la que no somos meros espectadores, tiene un impacto dramático en la vida cotidiana de todos y, en particular, de los pobres. En este contexto, el ensayo de Sergio Massironi, publicado recientemente en Italia con el título Una topología de la alegría (Castelvecchi, 2025), se erige como una auténtica provocación intelectual. El autor, que ya dirigió la investigación internacional Doing Theology From the Existential Peripheries promovida por el papa Francisco a través del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, imparte clases de teología en la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán y trabaja actualmente en la Secretaría de Estado de la Santa Sede. Su estudio, que no oculta nada de las contradicciones contemporáneas y adopta el método de una auténtica «teología desde las periferias», parte de una pregunta teológicamente audaz: «¿Dónde la relación entre la Iglesia y el mundo contemporáneo produce alegría a nivel personal y colectivo?».

Se trata de la alegría evocada cada vez con mayor frecuencia incluso en los títulos de los documentos magisteriales —desde Gaudium et spes hasta Evangelii gaudium; desde Amoris laetitia hasta Veritatis gaudium— y, sin embargo, tan poco profundizada teológicamente y, sobre todo, tan poco dada por sentada en una realidad que pone a prueba la resistencia psíquica y social de las personas y las comunidades. Massironi cita a una figura destacada de la Iglesia posconciliar, el cardenal Carlo Maria Martini, quien, al releer los Hechos de los Apóstoles, se preguntaba: «¿Existen, en la Iglesia de nuestro tiempo, comunidades similares a las que menciona este libro? ¿Dónde se encuentra hoy esa alegría, ese entusiasmo por la oración, esa fuerza del testimonio cuyo relato, tras dos milenios, aún nos fascina?».

La pregunta de investigación se sitúa, por tanto, firmemente dentro del paradigma pastoral introducido por el Concilio Vaticano II. Massironi destaca cómo una teoría renovada de la Revelación, la de la Constitución conciliar Dei Verbum, activa una atención olvidada —y combatida— durante siglos hacia la dimensión histórica y contextual de su recepción. Acoger la Revelación es, de hecho, la razón que pone en primer plano, con el papa Francisco, la noción de «periferias existenciales», que Massironi se dedica a precisar en la primera parte del libro. En particular, la recuperación de la relación originaria entre Evangelii gaudium y Evangelii nuntiandi permite al autor demostrar que la expresión «periferias» no se opone a la de «centro», sino a la autorreferencialidad de la que con demasiada frecuencia es prisionera la institución eclesial.

Dicha autorreferencialidad constituye el impedimento más grave para una relación viva entre la Iglesia y la Revelación, generando tristeza y dinámicas de dominio y opresión. Se pone así de relieve la naturaleza teológico–fundamental de una descentralización que, en la segunda parte del libro, Massironi muestra que está intrínsecamente conectada con la noción de «alegría». La elaboración, en este punto, de una topología de la alegría exige, de hecho, que el autor precise los contornos teológicos y filosóficos de esta experiencia humana, tan fundamental en el cristianismo como poco explorada por la teología científica. Con este fin, Massironi adopta un método fenomenológico y se atreve a adentrarse en esa indispensable transdisciplinariedad a la que la investigación teológica está llamada hoy a abrirse.

Los resultados de esta «pequeña fenomenología de la alegría» permiten al autor identificar los indicadores sobre los que la tercera parte del libro traza una auténtica «topología» que abarca los cinco continentes, siguiendo en cierto modo la «panorámica» que el cardenal Aloísio Lorscheider propuso en el Sínodo de los Obispos de 1974 sobre la evangelización en el mundo contemporáneo. La intuición, entonces, del arzobispo brasileño, fue que los diversos contextos geográficos y culturales en los que la Iglesia se encuentra hoy en pleno ejercicio de su misión sugieren, cada uno, algo de verdad para todos. Massironi, cincuenta años después, señala que la alegría del Evangelio surge donde florece la dignidad; donde se redescubre la armonía; donde caen los muros; donde la autoridad cambia de signo; donde se reabre la libertad. Y pasa entonces a mostrar, dando voz al sensus fidei fidelium y espacio a su reelaboración teológica, cómo en diferentes latitudes la Iglesia contemporánea está superando su propia tendencia a la autorreferencialidad: éste es el enfoque de la parte principal del trabajo, que da título a todo el volumen.

En cada región continental, de hecho, Massironi describe una forma específica de encontrarse con la alegría evangélica, a través de la profundización en un lado oscuro y otro luminoso de la vida social y eclesial. En cuanto al primer aspecto, con referencia a Gaudium et spes, el autor se refiere a los «dolores y angustias» de un contexto determinado, y en cuanto al segundo, a las «alegrías y esperanzas» de los discípulos de Cristo, en la misma situación sociocultural. Se añade, además, un tercer aspecto para cada región, a saber, las conexiones entre la forma en que la alegría se manifiesta en los testimonios locales y lo que se ha observado en otros contextos. De este modo, se pone de manifiesto tanto la íntima solidaridad entre la Iglesia y el mundo in loco, como la unidad dinámica entre las Iglesias en las distintas zonas del planeta. Esta «topología» ofrece, por último, algunas trayectorias de pensamiento y de renovación en las que, según Massironi, la teología puede atreverse a ir más allá. En particular, el carácter teológico de la alegría y el perfil mesiánico de comunidades proféticamente abiertas al Reino de Dios sugieren una nueva conciencia del servicio de la Iglesia en la historia, fuera del paradigma imperial que ha caracterizado al cristianismo durante casi diecisiete siglos.

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