
Este artículo pretende en el fondo responder, con las evidencias con las que contamos a menos de un año de la elección de Roberto Prevost como papa León XIV, a la pregunta sobre las continuidades o discontinuidades que podemos vislumbrar en el desempeño del nuevo pontífice.

Todo primer año de pontificado está marcado por la expectativa: no sólo por lo que el nuevo papa dirá o hará, sino por lo que la Iglesia y el mundo esperan que encarne.

El autor y su escritura es fruto de una serie de autores y de una serie de escrituras que estuvieron antes que él o ella, siendo él o ella un espacio de confluencia de otras voces.

A través de diversos pronunciamientos, la Iglesia católica y el Papa León XIV han hecho un llamado urgente a la protección de la población civil, especialmente de los sectores más vulnerables; las víctimas.

Este texto entreteje los «eclipses» que Taylor describe con el drama encarnado en algunos personajes de Camus que han acompañado mis propias búsquedas: el doctor Rieux; Tarrou; el padre Paneloux, S.J., y el niño moribundo. Cada uno habita, a su manera, lo que Taylor llama el Secularismo (Secularidad 1, 2 o 3).

En un tiempo en donde el adjetivo de «humano» se ha diluido a tal grado que corremos el riesgo de que entonces ya nada lo sea, preguntarse por aquellas experiencias que posibilitan y delimitan lo humano no se reduce a un mero ejercicio académico o interpretativo.

Comenzó el año con un hecho extraordinario que, según los responsables del destino nacional, abre «un nuevo momento político». Que este momento sea definido solo por la acción externa sería renunciar a las posibilidades que esta abre y, a la vez, abandonar al acaso la agencia política de los venezolanos. La responsabilidad de una restauración democrática, hoy incierta, no descansa solo en el liderazgo, sino también en la sociedad entera.

En la oración de este mes, el Santo Padre nos invita a rezar para que «cada palabra amable, cada gesto de reconciliación y cada decisión de diálogo sean semillas de un mundo nuevo».

Para entender cómo vemos a Dios actualmente debemos reconocer primero el tránsito de la trascendencia a la inmanencia radical. Durante milenios Dios fue el «Otro Totalmente Otro» (como lo definía Rudolf Otto), una entidad separada de la creación que exigía obediencia y temor reverencial. Hoy esa brecha se ha cerrado: el Dios contemporáneo ya no habita en las alturas inaccesibles, sino en la profundidad del «Yo».

La reflexión de Charles Taylor sobre el «punto de inflexión» en A Secular Age (Una