
A cuatro años de su asesinato en la comunidad de Cerocahui, en la Sierra Tarahumara, el padre Provincial de los jesuitas mexicanos, Enrique Mireles Bueno, S.J., ofreció una homilía en la que recuperó la memoria y el legado de quienes compartieron vida y misión con el pueblo rarámuri.

Llevo días dándole vueltas a una imagen que no me suelta. El mundo entero viene a mi país a ver futbol y yo, que crecí viendo a mi familia y amigos amar este deporte, no consigo alegrarme del todo. Algo se me atraviesa.

El pasado 25 de mayo el papa León XIV publicó la encíclica Magnifica humanitas (Magnífica humanidad), un título que resume su contenido: la humanidad es magnífica, y por ello debemos cuidarla en estos tiempos en que está siendo amenazada.

El 10 de mayo pasado, mientras muchas familias celebraban a las madres alrededor de una mesa de comida dominical, las calles de múltiples ciudades se llenaban con esta consigna.

Tenía que suceder el asesinato del general Obregón en julio de 1928 y el surgimiento del Maximato (1928–1934) para que don Manuel Gómez Morín, el técnico detrás del proyecto económico callista, pasara por la Rectoría de la Universidad Nacional y se enfrentara con los partidarios de la educación «socialista», y luego se metiera en la lucha cívico–política que diera como resultado la construcción del Partido Acción Nacional.

¿Por qué iniciar con el mal para pensar en y desde Dios? Porque hoy, al igual que siempre, el mal continúa siendo el mayor escándalo al que nos enfrentamos. ¿Podemos imaginar una mejor puerta de entrada que el mal para investigar qué sucede cuando se piensa una cuestión desde Dios y a éste desde dicha cuestión?

Conversamos con Mariana Méndez-Gallardo, doctora en Filosofía, escultora, teóloga y profesora del Departamento de Filosofía y Humanidades del ITESO, quien habita cruces poco comunes: el pensamiento, la fe y la escultura.

La más importante de las muchas actividades de este grupo fue la celebración eucarística realizada el 16 de noviembre de 1965 en las Catacumbas de Domitila, al final de la cual los alrededor de cuarenta obispos presentes se comprometieron con una Iglesia pobre y al servicio de los pobres y, en consonancia, con un estilo personal de vida pobre, alejado de todos los símbolos de riqueza y poder y de todos los privilegios.

Los valores del deporte tienen la capacidad de unir personas, derribar barreras y crear espacios de encuentro entre culturas y generaciones.

En suma, Magnifica Humanitas no es un texto contra la tecnología pese a cuestionar sin ambages el paradigma tecnocrático; su crítica no le lleva a descartar los aportes que puede traer consigo la Inteligencia Artificial. La encíclica es, ante todo, una invitación a discernir cómo y dónde se usa esta tecnología, para cuidar lo humano.