
En este mes de octubre el papa Francisco nos invita a orar con él por la siguiente intención: “Recemos para que la Iglesia, fiel al Evangelio y valiente en su anuncio, viva cada vez más la sinodalidad y sea un lugar de solidaridad, fraternidad y acogida”.

En este número dedicado a la evangelización me gustaría recomendar algunas películas para reflexionar sobre los valores del amor y la fraternidad, parte esencial de la Buena Nueva de Jesús y que como Iglesia que evangeliza queremos trasmitir a los demás.

Muchas personas piensan que este mundo en el que habitamos es un valle de lágrimas, un lugar transitorio en donde ya nada se puede hacer, por eso, atrapadas por el desaliento ponen sus ojos en la vida eterna, porque ésta parece la única salida, la única solución.

Nápoles y su gente son los protagonistas de este filme: seres humanos, muy humanos, diversos y contradictorios, cariñosos e infieles, francos y mentirosos, políticos y marrulleros, creyentes y supersticiosos, alegres y nostálgicos.

En torno a la figura de Jesús y su mensaje han corrido tantos ríos de tinta y se han hecho tantas interpretaciones que no nos alcanzarían todos los libros de la historia para abarcarlas. Sin embargo, podemos encontrar hallazgos, palabras nuevas, otras ópticas que nos mueven a acercarnos al Hijo de Dios.

Esta película se desarrolla en 1959, en Hardborough, un pequeño pueblo costero de Inglaterra y fue dirigida por la española Isabel Coixet, quien hizo una adaptación de la novela de Penelope Fitzgerald, escritora inglesa del siglo pasado.

Luis García Orso, S.J, miembro del comité editorial y articulista de nuestra revista, quien, nos regala una mirada amorosa e incluyente sobre un tema muy controversial en la actualidad: la comunidad LGBT+

A raíz de la serie Unorthodox, proyectada en Netflix, un gran sector de las audiencias que esta plataforma tiene, reaccionó con cierta animadversión hacia el mundo de los ortodoxos judíos, sobre todo por lo que muchos consideran su fanatismo religioso y su perspectiva hacia las mujeres.

Una de las facetas de la espiritualidad ignaciana es la de contribuir a la formación integral de los seres humanos y a partir una amplia gama de aspectos que incluyen desde un profundo discernimiento de la propia individualidad, hasta el liderazgo puesto al servicio a los demás.

Sergio Guzmán, S.J. «Ver nuevas todas las cosas en Cristo» es el lema de este