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Películas para ver a la luz de la evangelización

San Francisco de Asís escribía en sus Admoniciones que todos somos hermanos y hermanas, el papa retoma ese mensaje en varios de sus textos, pero principalmente en la encíclica Fratelli Tutti (FT) en donde nos propone «una forma de vida con sabor a Evangelio». En este número dedicado a la evangelización me gustaría —con el apoyo de esta encíclica— recomendar algunas películas para reflexionar sobre los valores del amor y la fraternidad, parte esencial de la Buena Nueva de Jesús y que como Iglesia que evangeliza queremos trasmitir a los demás.

Hermano sol, hermana luna
(Dir. Franco Zeffirelli, Italia, 1972, 130 min.)

Este clásico de la cinematografía sobre el santo de Asís está lleno de color, belleza y poesía, enmarcado además por un excelente soundtrack compuesto por Donovan. En él podemos contemplar a san Francisco cuando abatido regresa después de una guerra; cuando recuerda su vida llena de lujos; cuando se conmueve hasta las lágrimas por la miseria de los obreros; cuando empieza su conversión y se despoja de su ropa para vivir pobremente; pero, sobre todo, cuando inspira a muchos jóvenes a vivir el Evangelio. Sobre Francisco, el papa comenta que «él no hacía la guerra dialéctica imponiendo doctrinas» un aspecto clave en la manera de evangelizar, «sino que comunicaba el amor de Dios, puesto que «había entendido que “Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios”» (1Jn 4, 16). Como conclusión diré que evangelizar es reflejar el amor de Dios, no imponer una u otra creencia.

Fotograma Hermano Sol, hermana Luna, Franco Zaffirelli, 1972

Tocando el viento
(Dir. Mark Herman, Reino Unido, 1997, 107 min.)

Durante el gobierno de Margaret Thatcher, una ola de cierres de minas de carbón recorre el norte de Inglaterra. Esta película nos relata cómo en el pueblo de Grimley, la banda de música local se reúne ante el inminente cierre de su mina. La agrupación, aunque es un bastión de identidad, también está en crisis. Danny, su director, anima a todo el pueblo y le recuerda que la banda ha sobrevivido a dos guerras mundiales, y que todos saldrán adelante. A pesar del descontento social, Danny no pierde la esperanza y motiva a sus compañeros a no dejar de tocar. En medio de las dificultades que nuestra humanidad enfrenta y ante el desaliento actual, siempre podemos encontrar apoyo en nuestra comunidad. Todo proceso de evangelización es comunitario, la vida misma se construye tejiendo lazos, tal como nos lo recuerda el papa «Nadie puede pelear la vida aisladamente. […] Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante» (FT, 8).

Los Coristas
(Dir. Christophe Barratier, Francia-Suiza, 2004, 96 min.)

Es una película que toca el corazón, que conmueve, que eleva el espíritu. La historia comienza cuando el músico Clément Mathieu llega como prefecto de disciplina a una escuela correccional. Su primer encuentro es con el pequeño Pepinot, quien espera con ansías que su padre venga a buscarlo, sin embargo, este niño no es el único que espera ser salvado. Cada chico tiene su historia, sus sueños y anhelos de salir del encierro… y vivir de una manera diferente, algo que el profesor Mathieu, haciendo honor a su nombre («regalo de Dios»), alimentará a través de un coro que él mismo organiza. El filme nos muestra cómo las circunstancias adversas pueden ser transformadas a partir de la belleza —en este caso la música— y llevarnos a encontrar nuevos caminos. En el terreno de la evangelización, podemos ver que existen muchos grupos humanos sometidos por la injusticia, la discriminación, etc., pero la belleza del Evangelio, puede transformar la existencia humana y llevarla a tomar nuevas sendas de transformación. «Ojalá», nos dice Francisco, que «[el] dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida» (FT, 35).

Así en la tierra como en el cielo
(Dir. Kay Pollack, Suecia, 2004, 132 min.)

Esta película nos presenta a Daniel Daréus, un reconocido director de orquesta que, después de sufrir un infarto, decide hacer un alto en su agitada vida, por lo que cancela todos sus compromisos y se retira a su pueblo natal para descansar. Alejado del bullicio y del glamour al que estaba acostumbrado, va recuperando su vida, su vocación. Su historia se va entrelazando con la de otros personajes a los que Daniel transforma a partir de escucharlos y darles un lugar. La capacidad de escucha es un don que todos necesitamos cuando llevamos el Evangelio a otros, necesitamos escuchar, como Daniel, la voz, las circunstancias de los demás para conseguir un verdadero cambio. En esta línea son muy oportunas las palabras del papa: «el mundo de hoy es en su mayoría un mundo sordo […] No hay que perder la capacidad de escucha. San Francisco de Asís escuchó la voz de Dios, escuchó la voz del pobre, escuchó la voz del enfermo, escuchó la voz de la naturaleza. Todo eso lo transforma en un estilo de vida» (FT, 48). 

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