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Las emociones y el camino espiritual 

En la oración o en la contemplación sobre la vida nuestra experiencia tiene diferentes “movimientos” o reacciones que, a través de la evolución del ser humano, hemos podido diferenciar e ir comprendiendo su funcionamiento. 

En la dinámica actual de Occidente se ha entendido que el conocimiento desde las emociones se refiere a una falta de madurez, vulnerabilidad o confusión que debe de ser superada a través de un esquema lógico racional consistente. 

También dentro de esta misma cultura se han ido encontrando respuestas que cuestionan el punto anterior; las decisiones que asumimos como certeras y confiables están basadas en emociones o en elección por la familiaridad que nos representa la situación. Inclusive esta información se pretende utilizar en campañas publicitarias para que consumamos cierto producto según nuestro perfil o que elijamos algún grupo político (Manuel Castells hace una reflexión profunda frente a esta relación en su libro Comunicación y poder). 

Por lo tanto, reflexionar en cómo funcionan nuestras emociones no responde a la intención de devaluar el conocimiento logrado o de evitar el desarrollo profundo de la espiritualidad, sino que es una vía fundamental para entender nuestras experiencias místicas u otros temas relacionados como el sufrimiento, la posibilidad de evolucionar o encontrar guía en nuestras decisiones. 

Honrar las necesidades como un principio relacionado con el camino espiritual 

En escritos previos he mencionado algunas nociones que permiten elucidar la interseccionalidad entre psicoterapia y espiritualidad a partir de ideas basadas en un principio integrador propuesto por el psicoterapueta Esteban Laso, como la necesidad de afecto o de sentido de competencia (agencia). 

Por lo que la espiritualidad y la clave emocional, en el fondo, son dos fenómenos de la experiencia humana que se unen al buscar la conexión auténtica con el mundo y las personas. No es posible ni es viable vivir un desarrollo personal profundo desde el autoengaño o el miedo envuelto en «ajustes» que dañan a la comunidad y la persona. 

Escuchar en silencio el eco de la experiencia personal, asumirlo y tenerlo como una voz que guía nuestro actuar, es uno de los principios de la salud mental que, en la visión espiritual ignaciana, se pudiera entender como aquellas consolaciones, que a pesar de señalarnos el duelo o la lejanía de prácticas cotidianas que nos dan placer, nos ofrecen otros espacios donde lo importante son la paz, el amor y la verdad. 

Honrar la necesidad es hacer referencia a la relación del ser humano con el entorno que nos asume como seres dignos, interdependientes de cariño y de la posibilidad de participar en la sociedad con nuestras capacidades. La deshonra de la necesidad son aquellas prácticas alienantes que responden a amenazas o sometimientos traducidos en pautas o acciones con un efecto incómodo, desagradable o hasta incapacitante, como un diagnóstico psiquiátrico. 

En ese sentido, una experiencia espiritual, desde la clave emocional, va de la mano con tener un espacio de confrontación y reflexión ante las dinámicas personales y asumir  una invitación profunda a hacer un cambio para un bien mayor. 

Cuando honramos o escuchamos esa necesidad, humildemente nos asumimos como parte del entorno. En algunos casos será la comunidad a la que pertenecemos y en las experiencias místicas estará relacionado con una visión de nuestra vida dentro de una conexión con el universo desde otra perspectiva (sólo como referencia habrá que pensar el tiempo desde el inicio de la vida en el planeta Tierra, la «edad»que tiene el sol o nuestra galaxia que se miden en millones o miles de millones de años). 

Reconocimiento de emociones como práctica cotidiana 

En los años noventa se popularizó el término inteligencia emocional, con la propuesta de Daniel Goleman, dando referencias importantes y alternas para explicar el comportamiento en el que uno puede pensar que las buenas decisiones en la vida no dependen de una gran capacidad racional, como lo mencioné al inicio, sino de ubicar la armonía y lectura precisa del ambiente emocional y actuar en consecuencia. 

En este sentido, Esteban Laso subraya que esas decisones se convierten en información imprescindible que nos permite encontrarnos con datos relevantes de cómo nos organizamos frente a los estímulos del mundo exterior. De alguna manera, el hacer consciente las emociones son sólo una lectura, no una verdad absoluta, y eso se asemeja al ejercicio de relativizar nuestros sucesos y mantenernos como observadores sin juicio, como los ejercicios de meditación Vipassana. 

Por otro lado, el «cuerpo emocional», como lo menciona el Tata Keri Rubén Sánchez, es la entrada al cuerpo mental o a las bases del proceso mediante el cual juzgamos lo que llamamos realidad, un tema complejo de definir que en la práctica lo experimentamos como una serie de reacciones «incontrolables» que determinan nuestra experiencia. 

Desde la noción de los afectos que propone Adolfo Chércoles Medina, S.J. (los cuales son cercanos al concepto del deseo), se pudiera observar al temor como algo similar a emociones como el miedo o, al contrario, la alegría como una de las facetas de la consolación. En los Ejercicios Espirituales Chércoles habla de ordenar estas dinámicas para poder decidir desde la libertad, lo que nos puede llevar a valorar y cuidar más cómo es que nos emocionamos en nuestra vida. 

Cuando no podemos distanciarnos o distinguir estas dinámicas que nos ocurren repetimos acciones que nos mantienen en el sufrimiento, lo que los budistas llaman el Sámsara, y caemos en las tentaciones que menciona san Ignacio al no poder ordenar nuestros deseos y lograr discernir entre lo bueno y lo mejor. 

Emociones, necesidades y espiritualidad 

En conjunto, las emociones o el cuerpo emocional es información que al reconocerla nos permite tomar distancia y postura de nuestras dinámicas y, en ese sentido, conectarnos con la otredad del mundo espiritual (esto lo menciona el doctor en antropología Manuel Almendro al reflexionar sobre las tradiciones indígenas del Amazonas). 

Cuando sólo racionalizamos nuestro encuentro con el mundo espiritual, probablemente sea más un acto de convicción que una experiencia profunda. No es algo «malo», sino que, desde esta perspectiva basada en la clave emocional y la espiritualidad, percibir una consolación espiritual permite el reconocimiento de las necesidades humanas que probablemente conecten con las necesidades espirituales, y no son un epifenómeno que debemos de controlar. 


Foto de portada: Roberto Ornelas.

2 comentarios

  1. Muy interesante artículo… me gusta: «escuchar en silencio el ECO de la experiencia personal» … (impresionante el eco que viví en silencio en los Pirineos…) y tenerlo como voz que guía hacia lo importante, la paz, el amor, la verdad…añado la JUSTICIA…y asumir el cambio para un bien mayor… en el encuentro, en la comunión…¡¡¡

  2. El camino espiritual esta más allá de todo
    Es la aceptación de luz interna de esa fuerza yacente en ti, es saber que todo es un círculo de amor de completitud de la manar vida
    Que todas las respuestas están dentro ti
    Que el poder y la vida está dentro ti.
    Cuando se acepta y se rinde a esta verdad todo surge todo fluye.

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