Las batallas de aura ¿una forma nueva de encuentro?

Viernes 21 de agosto, 11:00 am. Es el primer viernes del semestre de otoño, y el día transmite esa levedad del naciente fin de semana. Una levedad que el campus del ITESO también goza, pues el tráfico en sus pasillos disminuye junto a la cantidad de estudiantes que adelantan sus días de descanso y no inscriben clases para este día de la semana. Sin embargo, la explanada frente a la Central presenta mucha afluencia. Más de la normal. No se trata de la típica multitud en busca de mesas para desayunar entre clases. Hay una masa de gente en el jardín.

Reunida apenas afuera de la cafetería, se encuentra una aglomeración, alrededor de un círculo, que aplaude a ratos y vitorea constantemente. Y así como si de una pelea se tratara, la aglomeración está atenta en todo momento al punto focal del círculo formado en el jardín, donde hay dos personas enfrentadas. Se trata, en efecto, de una batalla como esas de breakdance. Excepto que esta no es ni tan elaborada ni, para ser claros, requiere de la técnica del breakdance. Se trata de una batalla de «farmear aura». Y no ocurre sólo en el ITESO, ese viernes concreto, sino que se viene dando en diferentes espacios del mundo; precisamente en  espacios públicos.

No queda muy claro en qué consiste eso de «farmear aura», ni siquiera entre los más cercanos al trend de redes que en las últimas semanas ha tomado más fuerza. Parece que su gracia consiste, justamente, en eso: un sinsentido del cual poder reírse. Para tratar de definirlo, digamos que se trata de un combate por adquirir un tipo de carisma muy específico, uno que está totalmente inmerso en la jerga de TikTok e Instagram, por lo que también responde a trends y bailes ya existentes y a un gran chiste interno compartido por quien usa esas dos redes.

El aura responde, en gran medida, a como se ha entendido el concepto desde antes de redes sociales: a ese halo de energía que rodea a un ser; de alguna manera, ese halo evolucionó para convertirse en un carisma que dota a una persona de mayor aceptación social. Así, estas batallas que implican, bailes, gestos y movimientos (raros, atrevidos, erráticos) se convierten en un medio para ganar carisma. Un tipo de baile que no requiere destreza física o ensayo, son movimientos que, más bien, se basan en el absurdo: si le preguntáramos a alguno de los participantes qué significa el six seven (y su característico movimiento de manos arriba y abajo), no sabría qué responder. Y en ocasiones, también, bailes que recuerdan a memes o personajes famosos. El público, como en el breakdance, es juez imparcial; el aplauso es la valoración.

Ilustración generada por IA

Una generación entera confinada a lo digital

Nadie sabe cuándo surgió. Nadie sabe cuál es su sentido. Un día se reunió una multitud en una plaza pública, y al otro el evento se repitió en distintas ciudades. Algo que se originó en forma de meme se hizo presente en espacios públicos.

El fenómeno de estas batallas responde, principalmente, a lo que típicamente se dice de las juventudes y las redes sociales. Las generaciones nacidas a partir de los 2000 están insertas en el mundo digital desde la niñez. Ni se diga ya de las de 2010 en adelante. El internet es tan parte de su vida, que es difícil ver un mundo sin él. Así, el lenguaje del internet es tan natural que ya ni hace falta explicarlo. El aura y los memes de TikTok o Instagram son parte del ecosistema de las juventues y lo más cercano a la vida pública. Pero eso público de la vida digital; se traslada ahora a las plazas, parques y espacios de la cotidianidad que normalmente se ven abandonados por los jóvenes.

Más aun, si tomamos en cuenta los años posteriores a la pandemia, parece que la digitalización del mundo en general terminó por sepultar estos espacios. Así, los foros de internet, videojuegos o grupos de Facebook, por ejemplo, hacen las veces de puntos de reunión para una generación. Es por eso que resulta tan relevante que, sin remuneración o un líder claro de por medio, los jóvenes salgan a encontrarse presencialmente en estas batallas.

Generación Z y el miedo a dar cringe (y cómo el aura elimina ese elemento)

El cringe, ese miedo casi paranoico a provocar vergüenza ajena, encuentra en las redes sociales un terreno fértil. La exposición constante en redes intensifica el miedo a ser visto, pero, sobre todo, a quedar bajo la mirada y el juicio de los demás.

Sin embargo, las «batallas de aura» rompen de alguna manera con este cuidado extremo de la imagen pública. El aura se reconoce en el participante que sea más original y que cause más gracia en el público. Aquí no se trata de destreza técnica o habilidad, sino en gran medida de hacer reír. Así, la rutina de la batalla es un tipo de rutina cómica, en donde el participante acepta el ridículo. Es la desinhibición la que genera mayor aceptación.

Me parece valioso rescatar este punto, pues las batallas de aura son una instancia en la que el aislamiento de redes se rompe, y de alguna manera permite a los jóvenes divertirse sin pensar en un juicio externo.

Por supuesto, en las batallas hay un juez, pero no hay una burla explícita hacia los participantes; quien farmea aura hace reír al público, pero el público se ríe con él, no de él. Así, existe en el entorno de estas batallas una especie de acuerdo, en la que los participantes se pueden expresar libremente. Esa libertad se ve reflejada en los movimientos que a primera vista (y a segunda también) no tienen sentido.

Invitación digital al encuentro de «Farmeo de aura»

¿A dónde nos lleva el farmeo de aura?

A golpe de vista, podría parecer que este fenómeno que no nos dice nada. Sin embargo, es interesante analizarlo a la luz del aislamiento paulatino de generaciones de jóvenes nacidas en lo digital. Parece haber, en efecto, un interés por retomar la vida pública. Y, si esta es la manera en que se reclaman los espacios, es porque no han surgido hasta ahora otros fenómenos que puedan convocar a tanta gente.

Sin embargo, me parece también que dicho fenómeno responde más que nada al modo de consumo de TikTok (específicamente esta red, pues de aquí se origina el trend). El hecho de que haya reuniones masivas no violentas en espacios públicos se celebra por lo que he venido señalando anteriormente; pero, tampoco me parece atinado creer que es un nuevo despertar generacional, en el que dejaremos atrás los espacios digitales, ni mucho menos. Parece, más bien, que, al igual que el resto de trends actuales, el «farmeo de aura» se esfumó tan rápido como vino. Lo curioso es que alcanzó tal popularidad, que se extrapoló de lo digital a lo análogo.

Destaco también que, lo que logran las batallas de aura, en realidad, es que los participantes dejen atrás la vergüenza inherente a las redes sociales. La exposición excesiva a la opinión pública puede provocar que, en ocasiones, uno se limite a realizar ciertas actividades o comportarse de maneras que no sean aceptadas. El «farmeo de aura» revierte tal miedo y legitima la risa del público; quien farmea aura se expone deliberadamente a la mirada ajena y permite la burla, incluso la acepta como parte del juego.

Así, uno se puede extrañar al ver una multitud reunida un viernes en la explanada de la Cafetería Central del ITESO; puede incluso sentir rechazo al ver la batalla de «farmear aura». «¡Qué tontería!», dicen muchos al pasar por un lado y ver cómo estalla en una gran risa dicha multitud.

Quizá no se equivoque aquel que encuentre dificultad en darle sentido a este fenómeno. Quizá, no haya que entenderlo más que como un trend pasajero de redes sociales. Sin embargo, también vale la pena preguntarse si esta no podría ser la manera de hacer comunidad en adelante. Si bien las batallas de aura, como evento aislado, pueden ser algo fortuito, también nos enseña que hay una manera de conectarnos con la gente al usar el lenguaje del internet. Hay una manera de compartir espacios físicos; de compartir vida y liberarnos de esa vergüenza desmedida. Hay, sobre todo, una manera de reencontrarnos como individuos que formamos parte de una pluralidad.


El texto que acabas de leer fue creado en el Espacio-Taller sobre Esperanza, una iniciativa de la revista CHRISTUS que recién comienza labores con la participación de estudiantes de Filosofía y Medios Audiovisuales. A partir del análisis, el discernimiento y la creación, el taller busca explorar las distintas respuestas que las propias juventudes ensayan frente a preguntas como: ¿qué significa ser joven en este tiempo? Y ¿Cómo lo vivimos con ojos de esperanza?

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