La inteligencia artificial al servicio del ser humano

León XIV publica la encíclica Magnifica humanitas

El pasado 25 de mayo el papa León XIV publicó la encíclica Magnifica humanitas (Magnífica humanidad), un título que resume su contenido: la humanidad es magnífica, y por ello debemos cuidarla en estos tiempos en que está siendo amenazada. Para dejar aún más clara esta tesis, el subtítulo de la encíclica lo acaba de decir todo: Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Quien entienda esto ya ha comprendido toda la encíclica, porque toda ella está en esta idea.

Al hablar de este documento, todos decimos que es «la encíclica del papa León XIV sobre la inteligencia artificial»; sin embargo, la expresión «inteligencia artificial» no aparece en el título —sí en el subtítulo, ya lo hemos visto—. Los papas suelen poner la palabra clave de sus encíclicas en el título: paz, desarrollo, amor, caridad, evangelio, etc. ¿Es un lapsus del papa? En absoluto. De hecho, León XIV ha puesto la palabra clave en el título: humanidad. Esta encíclica no es una reflexión acerca de la inteligencia artificial, sino acerca de la humanidad en el tiempo de la inteligencia artificial. Puede que algunos experimenten una cierta decepción al leer por primera vez esta encíclica, dado que tal vez esperen de ella algo así como un tratado humanista sobre la inteligencia artificial. Sin embargo, ésa no es la intención del papa, como tampoco fue la intención de Léon XIII redactar un tratado sobre el capitalismo y el socialismo/comunismo con Rerum novarum en 1891, ni la de Pío XI redactar un tratado sobre el nazismo con Mit brennender Sorge en 1937, ni la de san Pablo VI presentar un estudio exhaustivo acerca del desarrollo humano con Populorum progressio en 1967, ni la de san Juan Pablo II escribir un ensayo sobre la incipiente globalización con Centesimus annus en 1991. El Magisterio de la Iglesia no escribe acerca de economía, ni de política, ni de sociología, ni de ecología, ni de inteligencia artificial: escribe acerca de la humanidad; la Iglesia es maestra en humanidad. Siguiendo esa larga tradición de 135 años —desde Rerum novarum, 1891—, el papa estadounidense de origen peruano no pretende con Magnifica humanitas presentar un estudio sobre la inteligencia artificial, sino mostrar que ésta puede ser enormemente beneficiosa para la humanidad, pero también muy peligrosa.

Esta dualidad —oportunidad y peligro— queda bien reflejada en la imagen bíblica de las dos ciudades, Babel y Jerusalén, que recorre la encíclica de principio a fin. La fe cristiana a lo largo de los siglos ha desarrollado este pensamiento dual: sea quien sea y viva donde viva, el ser humano siente en su corazón la doble llamada a construir la humanidad con la bondad, la belleza y la verdad o a destruirla con el egoísmo, el materialismo y la división. Esta idea es central en la magna obra de san Agustín de Hipona, La Ciudad de Dios (siglo V) ―recordemos que León XIV proviene de la Orden de San Agustín―, y en la Meditación de las Dos Banderas de los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola (siglo XVI), entre otras. Con su libertad, el hombre puede atender una u otra llamada. En estos tiempos de revolución digital, León XIV nos pregunta qué llamada estamos dispuestos a escuchar, la de Babel o la de Jerusalén. Ambas ciudades se construyeron con técnica, pero con intenciones y métodos muy distintos: Babel quiso ser una autoafirmación orgullosa del ser humano frente a Dios partiendo de una estéril uniformidad y acabando en la peor de las divisiones; por su parte, Jerusalén, tras el largo exilio de los judíos en Babilonia (siglo VI a.C.), quiso ser una respuesta al amor de Dios, y se reconstruyó entre todos partiendo de la diversidad y culminando en la comunión.

Con la revolución digital, la inteligencia artificial y la robótica ―que son nuestras «cosas nuevas», como lo fueron el capitalismo industrial y el proyecto socialista/comunista para la sociedad del tiempo de León XIII, autor de la encíclica Rerum novarum (Acerca de las cosas nuevas, 1891)― podemos construir la humanidad, que es magnífica, o podemos destruirla con un uso irresponsable de estas nuevas tecnologías y con los proyectos transhumanista y posthumanista, que rebajan al hombre bajo capa de enaltecerlo.

La encíclica se publica con motivo de los 135 años de Rerum novarum, el texto fundador de la Doctrina social de la Iglesia. Nunca el Magisterio había entrado antes en temas económicos, políticos o sociales. Sí lo habían hecho autores varios, como los dominicos de la Escuela de Salamanca (siglo XVI) o los jesuitas de la Escuela de Coímbra (siglo XVII). León XIII fundó con Rerum novarum la Doctrina social de la Iglesia, que ya ha recorrido una larga historia de 135 años. El papa Robert F. Prevost se puso adrede el nombre de León XIV para subrayar su voluntad de aportar en la revolución digital lo mismo que León XIII había realizado durante la revolución industrial. Esta encíclica, Magnifica humanitas, es la primera prueba de ello.

La encíclica está dividida en cinco capítulos, precedidos de una introducción y seguidos de una conclusión. En la introducción, el papa deja claro que la encíclica es publicada en el 135° aniversario de Rerum novarum para continuar la tarea magisterial del papa Gioacchino Pecci, pero en tiempos de revolución digital. Expone la imagen de las dos ciudades, Babel (Génesis 11,1–9) y Jerusalén (Nehemías 2–6), que ya hemos comentado, y la idea de que el discernimiento orientado al bien común es central a la hora de situarnos ante la inteligencia artificial. Nuestro horizonte existencial debe ser la humanidad, no las nuevas tecnologías.

En el primer capítulo, «Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio», el papa realiza un repaso histórico de la Doctrina social de la Iglesia, mostrando que con ella siempre se trata de defender la dignidad de la persona humana en contextos diversos. Así como una buena maestra procura que todos sus alumnos crezcan como personas inteligentes, cultas y buenas, y al hacerlo se adapta a las particularidades de cada uno de ellos, así también el Magisterio eclesial intenta aportar sentido de dignidad de la persona humana atendiendo a diversos tiempos y culturas.

En el segundo capítulo, «Fundamentos y principios de la Doctrina social de la Iglesia», el pontífice expone lo unitario de esos 135 años de Magisterio social, concretamente los principios que lo han vertebrado.

En el tercer capítulo, el central, «Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la inteligencia artificial», el papa Prevost muestra que la inteligencia artificial dista de ser neutra, como muchos creen. Suele estar asentada en el imaginario colectivo la idea de que «la ciencia y la técnica son moralmente neutras: lo bueno o lo malo es el uso que se hace de ellas», como un cuchillo, que tanto puede servir para cortar pan como para matar al hermano. Sin embargo, esto no es cierto: ni la ciencia ni la técnica son neutras; se orientan en una dirección y no en otras en función de intereses económicos, militares y políticos, y se nos presenta como «neutra» y «progresista» la dirección escogida para que no nos opongamos a ella. A fin de que no pensemos en todo esto, se nos adormece con las mil variantes posmodernas del opio: la Champions, el Mundial de fútbol, la Fórmula 1, las giras mundiales de cantantes, las plataformas de televisión baratas, el béisbol, el fútbol americano, el cine, etc. Nunca la humanidad había estado tan entretenida, nunca tan manipulada. Probablemente nuestros antepasados no eran demasiado libres, pero lo sabían; nosotros creemos haber conquistado la libertad, pero en realidad no somos conscientes de nuestra sumisión.

Éste es el objetivo de la encíclica: despertarnos de nuestro sueño tecnológico para que descubramos que estamos llamados a ser los custodios de la humanidad, que no podemos permitir que poderes económicos, militares y políticos decidan nuestro futuro mientras nosotros nos dormimos delante de la pantalla. Tenemos que despertarnos, levantarnos y ocuparnos de la humanidad con espíritu de discernimiento y de servicio. La inteligencia artificial nos puede ayudar en esta tarea si la orientamos bien, pero, si la orientamos mal, puede significar el fin de la humanidad.

El capítulo cuarto, «Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad» concreta cómo podemos construir la humanidad en terrenos tales como la democracia, la comunicación, la ecología, la educación, el trabajo, la economía o la familia, y clama contra las nuevas formas de esclavitud que cada vez están más presentes en nuestro mundo.

El capítulo quinto y último, «La cultura del poder y la civilización del amor», retoma esa tradición dual del cristianismo a la que ya hemos aludido, esta vez contraponiendo la actual cultura del poder con la civilización del amor, una expresión que León XIV toma de san Pablo VI.

En la conclusión, el papa Prevost pone en relación todo lo expuesto con la encarnación del Hijo de Dios y con el resumen de la fe cristiana contenido en el Magnificat de la Virgen María (Lucas 1,46–55), un cántico tan magnífico como la humanidad misma.

Un año después de haber sido elegido papa, León XIV nos ha puesto tareas de altura, que no son sólo para obispos, sacerdotes y religiosos/as, sino para todos. El Magisterio social de la Iglesia es enseñanza para los católicos e invitación para los no católicos. Por ello, el papa nos llama a todos a custodiar la humanidad en un siglo en el que está siendo seriamente amenazada.

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