
Desde el año pasado, con más frecuencia, la prensa ha estado documentando y poniendo en relieve los potenciales riesgos del uso creciente de chatbots y herramientas de la Inteligencia Artificial como apoyo en problemas personales o emocionales.

El 15 de mayo de 1891 el papa León XIII publicó la encíclica Rerum novarum, que ponía la primera piedra de un nuevo discurso en la Iglesia católica: la doctrina social. Con ella intentaba dar respuesta a los problemas creados por la Revolución industrial, sobre todo la explotación de la clase trabajadora y las condiciones infrahumanas en las que vivían los sectores populares.

Nunca como ahora, habíamos tenido acceso a tanta información ni a herramientas tan poderosas para comunicarnos, aprender y crear. Tampoco había sido tan fácil confundir información con conocimiento, velocidad con sabiduría o conexión digital con auténtico encuentro humano.

Magnifica Humanitas de León XIV exige una lectura en clave política; por supuesto es una orientación ética y espiritual de muy profundas implicaciones pero el documento también habla sobre las dimensiones actuales del poder y de los juegos del poder.

¿Cómo leer los signos de nuestro tiempo desde la fe? En este episodio de Ve y Diles nos adentramos en los grandes desafíos del presente para preguntarnos qué significa hacer teología hoy.

Por ello, podemos afirmar que es posible construir proyectos universitarios que nos permitan acercarnos a la inteligencia artificial con sentido social, ético, estratégico y pedagógico, que inviten a la reconstrucción de un nuevo Jerusalén evitando caer en la edificación de una torre de Babel.

El pasado 25 de mayo el papa León XIV publicó la encíclica Magnifica humanitas (Magnífica humanidad), un título que resume su contenido: la humanidad es magnífica, y por ello debemos cuidarla en estos tiempos en que está siendo amenazada.

Invitación al segundo conversatorio sobre la encíclica Magnifica humanitas del Papa León, este próximo lunes

En suma, Magnifica Humanitas no es un texto contra la tecnología pese a cuestionar sin ambages el paradigma tecnocrático; su crítica no le lleva a descartar los aportes que puede traer consigo la Inteligencia Artificial. La encíclica es, ante todo, una invitación a discernir cómo y dónde se usa esta tecnología, para cuidar lo humano.

En un tiempo en donde el adjetivo de «humano» se ha diluido a tal grado que corremos el riesgo de que entonces ya nada lo sea, preguntarse por aquellas experiencias que posibilitan y delimitan lo humano no se reduce a un mero ejercicio académico o interpretativo.