«Cumplir perfectamente la ley consiste en amar».
SEPTIEMBRE
- Ezequiel 33, 7–9
- Salmo 94
- Romanos 13, 8–10
- Mateo 18, 15–20
§ Desde el primer siglo de nuestra era los seguidores de Jesús se reconocieron Iglesia. Esta palabra, del griego ekklesia y del hebraico qahal, designa a aquellas personas que son reunidas porque escucharon un llamado. Las lecturas de hoy nos permiten profundizar en lo que representa que dos mil años después sigamos siendo iglesia, llamados y llamadas por Cristo para una misión.
§ En la primera lectura, el Señor comunica al profeta la responsabilidad de la que le pide se haga cargo, a través de la imagen del centinela. Ezequiel no es el dueño, el todopoderoso, él sólo cuida aquello que el Señor le confía, toda autoridad está en función del servicio que presta a sus hermanos. Esta misión, la misma que viven las primeras comunidades cristianas, no está exenta de dificultades y conflictos. No por nada Pablo tiene que recordarle a la iglesia en Roma: «no tengan con nadie otra deuda que la del amor mutuo». Consejo que es siempre actual, sobre todo en estos tiempos en los que parecen prevalecer la división y la discordia.
§ En el evangelio Jesús le presenta a sus discípulos unos pasos que permitirán que, como comunidad–iglesia, se mantengan reunidos en torno a la Palabra. De este pasaje los padres rescatan dos enseñanzas. San Agustín subraya que la amonestación debe ser siempre por el bien del otro, «si lo haces por amor propio, nada haces. Si lo haces por amor a él, haces bien»; así, nos invita a salir del propio amor querer e interés y a ser generosas con las y los hermanos. Por otra parte, san Cipriano destaca que lo que da fuerza a la comunidad es la unidad, «lo que torna eficaz la oración no es el grande número de personas, más la unión de espíritu de los que oran».
Pidamos al Señor nos conceda la gracia de ser y permanecer como iglesia, cuidándonos los unos a los otros para, en la diversidad, unirnos alrededor de su Palabra.






