Evangelio del domingo 5 de julio


«Vengan a mí, todos… aprendan de mí».

JULIO

  • Zacarías 9, 9–10
  • Salmo 144, 1–2.8–9.10–11.13–14
  • Romanos 8, 9.11–13
  • Mateo 11, 25–30

§ A veces la vida es demasiado, a veces no tenemos fuerza para continuar. Jesús lo sabe bien, y las lecturas de hoy nos enseñan un camino para vivir alegres, en paz y en comunión: aprendiendo a vivir como hijos e hijas del Padre.

§ Jesús, el Hijo por excelencia, comienza su discurso inundado de alegría porque entiende que para vivir no se necesita saberlo todo, al contrario, esto vuelve más oscuro el panorama. Tampoco es necesario ser superfuerte ni todopoderoso. Para vivir se necesitan la sencillez, la humildad y la mansedumbre propias de un Hijo que vive confiadamente en su Padre. 

§ Ser Hijo es lo que caracteriza al Espíritu de Cristo. Sabernos hijos e hijas nos libra del egoísmo autosuficiente y destructivo que nos lleva a permanecer en la muerte. Si nos reconocemos como hijos e hijas las otras personas son, por tanto, hermanas, y es en ellas en las que reconocemos al Espíritu que habita en todo ser humano.

La filiación genera con el Padre una relación amorosa y de mutuo conocimiento. El salmo nos ayuda a conocer mejor a ese Padre que es compasivo, generoso, amoroso y bondadoso. Cantar y alabar al Señor nos recuerda que en Él tenemos descanso. 

Ilustración: ©Tzitzi Santillán

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Síguenos en nuestras redes sociales
Suscríbete al boletín semanal

    Artículos relacionados