«En cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron».
SEPTIEMBRE
- Ezequiel 18, 25–28
- Salmo 24
- Filipenses 2, 1–11
- Mateo 21, 28–32
§ El evangelio de hoy es una llamada a desestructurar lo que ‘debería ser’ para conseguir ir más allá; ahí donde el Señor nos espera. Las palabras de Jesús son sumamente disruptivas. Se dirige a los más respetados de su tiempo en asuntos religiosos y les ayuda a ver que están perdiendo de vista algo muy importante. Se planta frente a ellos y les dice que los verdaderos creyentes no son los de buena fama o los que hacen todo bien, sino los últimos. Su ejemplo son publicanos y prostitutas, ¿quiénes serían los publicanos y prostitutas en nuestros días? ¿Me veo más cerca de ellas o más cerca de los ancianos y sumos sacerdotes?
§ Las palabras de Jesús están cargadas de una autoridad particular. Jesús sabe lo que los últimos sienten porque comparte con ellos y ellas el lugar más universal: el de la pobreza. San Pablo lo plasma magníficamente al recuperar este himno cristológico. Jesús tendría todo el derecho para sentarse por encima de los sumos sacerdotes, pero decide no hacerlo. Libremente, empeña su libertad haciéndose siervo, humillándose a sí mismo.
§ Como nosotros ya lo conocemos como el Hijo de Dios y como el Señor resucitado, lo aceptamos con más tranquilidad. Pero ¿qué tanto creemos que Jesús sería hoy víctima en los bombardeos de Oriente Medio? Así de real y radical es su opción, ahí la divinidad parece esconderse. Lo que Jesús ha comprendido al abajarse es que ése es el mejor lugar para hacer la voluntad del Padre.
Esto de la humillación es más una gracia de Dios, pero este don necesita que nuestra voluntad se comprometa, que empeñemos también nuestro deseo. Cuando Pedro Arrupe terminó su periodo como general de los jesuitas, paralizado por una trombosis y en medio de sospechas y juicios, se despidió diciendo: «Yo me siento más que nunca en las manos de Dios. Eso es lo que he deseado toda mi vida, desde joven. Y eso es también lo único que sigo queriendo ahora. Pero con una diferencia: hoy toda la iniciativa la tiene el Señor. Les aseguro que saberme y sentirme totalmente en sus manos es una profunda experiencia».







