
Cuando un país experimenta un cambio radical, políticamente hablando, como el fin de una dictadura o una transformación democrática profunda, lo que regularmente sucede es un cambio de régimen, es decir, la confección de otras reglas para acceder, mantener, distribuir y generar contrapesos al poder político.

Durante el Mundial de 2014 Arjen Robben, de los Países Bajos, empujó el balón más allá de Rafa Márquez, de México, quien estiró la pierna y, en esa fracción de segundo, Robben simuló una falta, obteniendo el penal que dio la victoria, un momento inmortalizado como «no era penal».

Hay actividades humanas que, aun en su apariencia más sencilla, esconden una pedagogía profunda para la vida. El deporte es una de ellas.

¿Y si el futbol global no nació en los campos de Inglaterra sino en las selvas de Sudamérica? ¿Y si los jesuitas no sólo fueron testigos sino también mediadores y más tarde constructores de una forma de integración pedagógica que terminó por convertirse en un instrumento de formación?

El underdog no es simplemente el débil en una contienda deportiva —o de cualquier otra índole—, sino aquél que, desde el inicio, queda excluido de toda consideración competitiva y cuyo desafío inesperado a los más fuertes rompe la arrogante predictibilidad del destino.

Los obispos de México reconocemos el logro de la Selección Nacional por su paso perfecto

En nuestra tradición ha prevalecido la imagen de María que nos ofrecen Lucas y Mateo

Los valores del deporte tienen la capacidad de unir personas, derribar barreras y crear espacios de encuentro entre culturas y generaciones.

En la vida de la Iglesia, los sacerdotes están llamados a acompañar, sostener y servir a sus comunidades, pero también ellos pueden atravesar momentos de dificultad que requieren cercanía y apoyo.

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