
De aquella primera película a esta nueva entrega, Intensamente 2, dirigida por Kelsey Mann y producida por Mark Nielsen, han pasado nueve años; pero, en la vida de Riley, sólo dos, en aquélla era una niña de 11 años, en ésta es una adolescente de 13 años.

El escritor francés George Perec en su libro Un hombre que duerme (2021) cuenta la historia de un estudiante de sociología que cavila si salir o quedarse en su departamento.

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Wirikuta, que significa «origen del universo», es uno de los cinco puntos sagrados del pueblo wixárika junto con San Blas, Nayarit en el oeste, Cerro Gordo, Durango en el norte, la Isla de los Alacranes, Jalisco en el sur, y su propio territorio en el que habitan en el centro. Según su cosmogonía, hace mucho tiempo, cuando el mundo estaba sumergido en la oscuridad, las divinidades peregrinaron hacia Wirikuta en busca de la iluminación.

«El humano busca la trascendencia y dar cuenta de ella», dice Ramón María Nogués, catedrático emérito de Antropología biológica de la Universidad Autónoma de Barcelona, en su libro Neurociencias, espiritualidades y religiones, en el que sostiene que la experiencia espiritual no es un asunto exclusivo del alma, sino una vivencia que se desarrolla neuronalmente y que experimentamos cuando nos preguntamos por las últimas dimensiones de la realidad y de nuestra vida.

En muchas ocasiones buscamos de manera desenfrenada asegurarnos el futuro a través de actos ilusorios, vividos como positivos, hasta que nos muestran su falsedad, o en otras ocasiones seguimos en esta dinámica sin darnos cuenta de ello.

Es común o relativamente común escuchar la frase o la idea de la importancia de «conocerse a sí mismo» cuando las personas nos preocupamos por nuestro desarrollo personal, como se menciona en la entrada al oráculo de Delfos. También el dicho de que «la relación que tenemos con nosotros o nosotras es imprescindible para las relaciones con los demás». Pero ¿qué tiene que ver eso con la espiritualidad?

Cuando se toma en cuenta el enorme trabajo de transformación que se está realizando en el cerebro de las niñas y niños de 4 a 6 años, nos es fácil comprender el porqué de sus intempestivas reacciones y el agobio o desagrado que les producen instrucciones, para nosotros tan imples, como: comer, compartir, cooperar, permanecer sentados, poner atención, callar, esperar, etc.

«Creo en Dios Padre…» En el Dios que sólo sabe ser Padre. El que nos hizo a su imagen y semejanza. El que nos dio esta maravilla de ser hombres, sus hijos y su gloria. El que nos dio el gozo de respirar la belleza del mundo; el de poder encontrarnos a gusto en la familia humana. El que hace salir su sol y caer su lluvia sin distinciones.

En la oración o en la contemplación sobre la vida nuestra experiencia tiene diferentes “movimientos” o reacciones que, a través de la evolución del ser humano, hemos podido diferenciar e ir comprendiendo su funcionamiento.