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Las grietas del techo

El escritor francés George Perec en su libro Un hombre que duerme (2021) cuenta la historia de un estudiante de sociología que cavila si salir o quedarse en su departamento. El libro, mezcla de relato introspectivo, con guiños a la descripción de lugares y en profundos vínculos con las grandes preguntas que el ser humano se formula en medio de las cavilaciones cotidianas, declara una cuestión que, a mi entender, es fundamental: en las grietas podemos comprender que la vida tiene textura.

Las palabras tienen su historia y están en interconexión con otras. Veamos cómo se despliega el potencial simbólico y discursivo de textura. La palabra está en vínculo con la idea de texto, de textualidad, de los tejidos, de lo que no es liso o pulido al decir del filósofo surcoreano–alemán Byung–Chul Han. Aquello con textura tiene formas, tiene amasijos, relieves, grietas y formas que se sienten cuando la mano pasa por sobre encima de ella. Diríamos: la vida que podemos llamar auténtica no deja indiferente a la mano porque esa mano reconoce los recovecos y superficies disímiles.

La mano, con ello, es espacio de comprobación de la textura. Pero también pueden serlo los ojos. Así lo reconoce George Perec en su Un hombre que duerme. Dejemos que el mismo autor nos lo cuente cuando acercándose al protagonista dentro de su habitación escribe lo siguiente: “Miras el techo y descubres en él las grietas, los desconches, las manchas, los relieves”, y más adelante se lee: “las grietas del techo dibujan un laberinto improbable”. Es sugerente la vinculación que Perec establece entre visión, grietas y conocimiento. Sigamos jugando con las palabras (¡en definitiva sólo tenemos palabras!): cuando vemos las grietas las conocemos, es decir, tomamos conciencia de que están ahí; conocemos las grietas porque las hemos visto; las reconocemos como presentes en un lugar; somos conscientes del paso del tiempo por el lugar gracias a las grietas; las grietas hablan del tiempo y, por ellas, verdaderas mediadoras del conocimiento, tomamos nuestra posición en el mundo. Las grietas hablan. El antropólogo Marc Augé habla del tiempo en ruinas y cómo las ruinas también cuentan una historia.

La toma de conciencia de la presencia de un techo agrietado, de una vida con textura, de una habitación con marcas temporales es, a mi entender, una forma sugerente de pensar cómo la misma vida reclama su presencia como acontecimiento agrietado. No vivimos la existencia como algo liso, como algo neutro o totalmente puro. Eso sería una visión totalmente alejada de la realidad concreta de los días y de las noches en las que se despliega la vida personal y colectiva. Diría: la vida sólo es vida en cuanto expresa grietas o en cuanto es expresada y vivida dentro de las grietas. Pretender que las grietas no existen es vivir una vida inhumana.

Y es aquí cuando la vida humana se va vinculando con Dios a través de las grietas. Dios, paradójicamente, tiene grietas, desconches, manchas y relieves. Ésta es la subversión del mismo Dios: se hace amigo de las grietas y entra a la historia a través de nuestras propias grietas. No puedo dejar de pensar en Isaías 53,2 cuando el profeta habla del justo y que luego la comunidad pascual reconocerá en ese mismo justo a Jesús el Crucificado–Resucitado: «no tenía aspecto hermoso». Parafraseemos: tenía grietas profundas.

Byung–Chul Han en La salvación de lo bello declara que vivimos tiempos en los que la belleza se muestra como un imperativo que quita toda negatividad o textura, porque esa misma textura nos hace tomar conciencia de nuestra fragilidad y de la vulnerabilidad. Quizás pensar las grietas del techo, como las llama George Perec, puede ser una manera sugerente tanto de repensar nuestra condición humana, así como repensar la revelación del mismo Dios. En algún punto las grietas constituyen el espacio en donde se despliega la salvación del Dios–agrietado. Nuestras grietas y sus grietas, la cruz y la pascua, el techo de Perec y las experiencias espirituales donde abrazamos nuestras grietas en tiempos de lo sin–textura.

¿Y cuáles son las grietas de mi techo?


Imagen de portada: Depositphoto.

5 respuestas

  1. Sobre las grietas de mi techo, un artículo interesante que me conecta con mi vulnerabilidad que voy acogiendo y abrazando como oportunidad de crecimiento, en este sentido considero que las grietas de mi techo es vivir mi vida más allá de lo aprendido en mi historia, desaprender aquello que no me permite vivir en plenitud, heridas, falta de libertad, desconfianza en el mundo actual…

    1. Muchas gracias Irma por tus reflexiones. Sin duda las grietas son ese signo corporal, vital y espiritual de nuestra vulnerabilidad. Muchas gracias y que bueno que el artículo te haya servido.

  2. Es posible respirar por esas grietas que aunque antiguas se quedan ahí y volver a ellas me hace bien . Me siento libre y fuerte, he llegado y estoy aquí las grietas son cicatrices como medallas de guerra en tantas y tantas batallas libradas ; algunas ganadas otras perdidas grietas que se ven y otras más gastadas y todas por el tiempo vivido más nunca sola sí ahí siempre estuvo El.

  3. Que alegría me diste cuando al leer tu artículo me di cuenta que no soy una ave exótica en un mundo de perfectos, sino que las cicatrices en mi cuerpo y en mi espíritu me recuerdan que he caminado, que me levantado, que he perdido el miedo a ser diferente. Gracias hermano.

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