Profundizar en el discernimiento y la reflexión teológica con rigor académico, asumiendo la perspectiva ignaciana como horizonte de sentido para el quehacer universitario.

Nadie habla hoy de salvación. Nuestro orgullo moderno impide considerarnos necesitados de ella. El destino, si es que imaginamos tener alguno, creemos que depende única y exclusivamente de lo que sobre él queramos construir.

Comprender la universidad como participación en la Misión redentora de Cristo transforma inevitablemente el significado del liderazgo institucional. El desafío más profundo que enfrenta hoy la educación superior católica no es principalmente el declive demográfico, la incertidumbre financiera, la gobernanza o la sostenibilidad institucional

Desde el año pasado, con más frecuencia, la prensa ha estado documentando y poniendo en relieve los potenciales riesgos del uso creciente de chatbots y herramientas de la Inteligencia Artificial como apoyo en problemas personales o emocionales.

La universidad no existe primero para adquirir posteriormente una misión. Más bien, existe porque la Iglesia participa en la Misión redentora de Dios, y la universidad católica constituye una expresión histórica concreta de esa participación.

Sin embargo, aunque tenemos estas máximas por ciertas, muchas veces no terminamos de aceptarlas. La incertidumbre del camino hasta que la muerte ocurra nos mueve, precisamente, a querer asegurarnos la vida. Ésta ha sido durante un buen tiempo, desde que dejé la seguridad de la Orden religiosa, mi lucha espiritual: encontrar el justo medio entre contar con la seguridad básica para vivir y querer asegurarme la vida «de más».

En este artículo vamos a desarrollar algunas de las características de la crisis de la modernidad y su repercusión en el contexto juvenil actual, para después resaltar aspectos de la Espiritualidad Ignaciana que pueden ser de gran relevancia dadas las circunstancias del mundo que les ha tocado vivir.

Es curioso que estemos por comenzar la tercera entrega de estas reflexiones comentando el segundo libro de la colección Dios para pensar del teólogo Adolphe Gesché y que no hayamos llegado a tratar directamente a Dios como temática.

Uno de los problemas de los que actualmente se ha hablado como reto en jóvenes y adultos es el de mantener la atención, la concentración, la motivación o incluso el control de los propios impulsos.

Hoy abundan las opiniones sobre lo que sucede con las y los jóvenes. Se dice que no tienen reglas, que se la pasan en las redes, que su sentido de vida está en riesgo, que se viven solos y solas, etc.

Te invitamos a cursar el Diplomado en Espiritualidad Ignaciana desde el conocimiento interno.