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Barbie: ¿herramienta de diseminación ideológica o tibio acercamiento al feminismo?

Desde su estreno el pasado mes de julio la película Barbie ha generado controversia y fascinación en la misma medida, y sobre ella encontramos ya toda clase de análisis en diferentes medios. Entre los debates más extendidos resalta aquel que se cuestiona en torno al tinte feminista de la película: ¿es Barbie una herramienta de diseminación ideológica que promueve la guerra de los sexos yla ideología de género? O, por el contrario, ¿es un tibio acercamiento a las cuestiones más triviales de la lucha feminista?

El punto de partida del debate me parece equivocado, pues la película Barbie es un producto comercial que busca maximizar la recaudación en taquillas y aumentar la venta de muñecas y productos relacionados. En este sentido, la película hace gala de un divertido cinismo, mostrándonos la adaptabilidad capitalista, si ningún pudor para burlarse de sí misma, exhibiendo a los ejecutivos de Mattel como una patética planilla de hombres blancos con poder, uno a cual más tonto que el otro, que pretenden suplantar con sus propias ideas las voces de las niñas y mujeres a las que ignoran en la ideación de sus productos, y cuyo interés más relevante es el de la facturación. Así, sin más vueltas, Barbie parodia abiertamente a la clase ejecutiva y a la propia compañía Mattel, que es coproductora de la película y que literalmente pagó para ser ridiculizada, al mismo tiempo en que será la primera ganadora.

Barbieland es un universo paralelo estrechamente relacionado con el mundo real, en el que la vida es resultado de dos fuerzas principales: las ideas de los ejecutivos de Mattel y el uso y proyecciones emocionales de quienes juegan con las Barbies y sus accesorios. Así pues, es la síntesis del pensamiento capitalista patriarcal y de la fantasía de niñas (y mujeres) de la más diversa índole; con lo cual Barbieland no es un mundo igualitario (aunque carece de clase sociales), es un mundo dominado por mujeres, que reproduce el consumismo, sobrevalora los ideales estéticos estandarizados y mantiene una extraña heteronormatividad asexual, absolutamente afeminada donde lo masculino es marginal.

Además de la inversión en el sistema sexo/género en Barbieland, Barbie presenta una veta que recientemente también fue retomada en la exitosa película Todo al mismo tiempo en todas partes (Daniel Kwan y Daniel Scheinert, 2022): la siempre agridulce relación madre–hija, añadiendo otro de los ejes siempre presentes en las preocupaciones femeninas, sumando puntos al test de Bechdel (utilizado para evaluar las brechas de género en las películas), al centrarse en las relaciones entre mujeres y no en las relaciones de las mujeres con respecto de los hombres.

Mientras tanto, en el mundo real «el patriarcado» también es una parodia de sí mismo; a pesar del absoluto control que ejercen los hombres, ellos son retratados como seres abyectos, carentes de inteligencia y rebosantes de vanidad. Tanto en Barbieland como en el mundo real la masculinidad es ridiculizada y puesta en evidencia con un guión ingenioso y excelente comedia.

Así, no resulta extraño que varios países de Oriente Medio hayan censurado o prohibido la película argumentando que promueve «valores contrarios» a las culturas locales, así como «la homosexualidad», aunque en Barbie no hay ningún tipo de sexualidad, hecho que se enfatiza al recalcar que nadie en Barbieland tiene órganos reproductores. Lo que hay, en todo caso, son papeles de género invertidos, una sociedad que no se basa en la familia y un montón de chicos bronceados jugando volibol en diminutos shorts de colores pastel, mientras las Barbies dirigen el mundo. Cuando Ken —al entrar en contacto con el mundo real y quedar maravillado por el sistema patriarcal— intenta subvertir el orden en Barbieland, a pesar de un éxito pasajero, termina también fracasando y el dominio de las Barbies se restaura.

¿Qué tan subversivo y desestabilizador puede ser esto? Parece que tanto en los individuos como entre las naciones (de masculinidad frágil), mucho. Barbie ha generado una profunda ámpula en la manósfera, en todos los niveles, y al leer los resentidos comentarios de las reseñas es imposible pensar que —al menos en el mundo real— Barbie tiene razón, pues los autores de los airados comentarios irónicamente ejemplifican el tipo de sujeto del que se burla la película. Parece superficial, pero sus efectos nos invitan a reflexionar sobre el poder de la ficción para desestabilizar los roles de poder.

Volviendo al punto de partida, hay que decir que Barbie es —sobre todo— una ingeniosa y divertida comedia con un guión estupendo, un arte deslumbrante y una dirección impecable, pensada y desarrollada para recaudar millones en taquilla, juguetes y merch, que, sin embargo, elige uno de los temas culturales más relevantes en la actualidad y se posiciona claramente desde la perspectiva en la cual nos ayuda a visibilizar y reflexionar sobre el sistema sexo/género y sus desigualdades (e ignora muchas otras), con un punto de vista blanco y occidental (de lo cual también hace guiños irónicos) y, por supuesto, sin pretender profundizar demasiado.

¿Tendríamos que pedirle más a una película? Quizá, en los tiempos que corren, con esto es suficiente para cambiar algunas cosas, para poner sobre la mesa discusiones que hemos estado dando en un palno académico y político que no llega a todo el mundo, como sí llegará Barbie. Me gusta imaginar que ahora mismo algunas jóvenes en Arabia Saudí o en Mauritania están desternillándose de risa con una copia pirata conseguida en la Deep Web, que el color rosa se convertirá en un código secreto de adolescentes rebeldes, que tal vez la prohibición de una película inocua se convierta en una chispa que prenda el fuego, que despierte la curiosidad sobre términos como «patriarcado», y ponga a cuestionarse a los hombres más jóvenes sobre la manera en la que quieren vivir el papel que culturalmente les corresponde… parece poco, pero así son las avalanchas, nunca se sabe.


Imagen de portada: Fotograma Barbie. Dir. Greta Gerwig. 2023. Prod. Margot Robbie, Tom Ackerley, Robbie Brenner, David Heyman, Ynon Kreiz, Josey McNamara.

2 respuestas

  1. Interesante perspectiva con la cual consueno,dado que el objetivo de la película es el de vender. Asimismo, yo agregaría la posibilidad de la empresa de posicionarse en la mente de nuevos consumidores. La preguntas que me surgen son ¿Cuáles serán los nuevos productos que la empresa lanzará al mercado? ¿Cómo intentará posicionarse en la mente del nuevo mercado? En fin, excelente artículo, muchas gracias.

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