
Según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y no Localizadas, en México hay 110 mil personas desaparecidas desde 1962 a la fecha. La cifra podría ser mayor dado que hay desapariciones que no llegan a denunciarse. Las personas ausentes no son las únicas víctimas, también son sus familiares y personas allegadas. La ausencia se convierte, para ellas, en una tortura constante.

La llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República en 2018 empezó con un discurso crítico del neoliberalismo, de las profundas inequidades y de la corrupción y descomposición social generadas por este modelo económico.

En años recientes ha sido común que en el debate público se eche mano del concepto de «polarización» para dar cuenta de algunos rasgos de la vida pública de México, así como de otros países. El concepto ha servido para explicar las formas en las que los actores políticos, especialmente los partidos, en una geometría política tradicional, han dejado el centro y se han corrido a los extremos.

En la colonia El Briseño, a unas cuadras de Periférico Sur, en Zapopan, Jalisco, hay un refugio que se erige entre calles de piedra y baches sin pavimentar. Allí vive Matilde Cervantes Villegas («Tisu» para todos) con su familia. Una familia que se agranda todas las tardes y días de festejo, cuando Casa Tatic se convierte en comedor, biblioteca y hasta en salón de fiestas.

Ya se había puesto el sol, y después de nuestra misa en la Cueva de San Ignacio cenamos y nos dispusimos a caminar al Pozo de la Luz, lugar donde Ignacio había tenido la iluminación del Cardener. Era el fin de nuestro itinerario del Camino Ignaciano; antes ya habíamos visitado el monasterio de Montserrat y orado frente a su imagen, y aunque nuestro plan era caminar hasta nuestro siguiente destino, el tiempo caluroso y el sol radiante nos lo impidieron, así que decidimos bajar a pie de la montaña para tomar un tren hacia Manresa.

Con un profundo amor por México, los obispos de la Conferencia del Episcopado Mexicano y todos los convocados a este encuentro, estamos convencidos de que es posible construir la paz, que podemos vencer las dinámicas de violencia y de destrucción del tejido social, sabiendo que no hay soluciones fáciles.

Siguiendo el planteamiento de la primera parte. Es necesario reafirmar el papel de la mujer en este quiebre epistemológico que hoy se requiere para sanar este planeta destruido.

México vive hoy la peor crisis de violencia de su historia, mientras que las instituciones de seguridad y justicia no se dan abasto para enfrentarla.

Elías González, coordinador de la cátedra, dice que más que centrarse en la persona del jesuita, de cuya muerte se cumplen diez años, lo que se busca es rescatar los temas y los gestos que le ocupaban, como la filosofía, el diálogo interreligioso, la interculturalidad, la espiritualidad y la mística. Las actividades comenzarán el próximo 25 de septiembre.

«Se necesita resignificar la seguridad y la justicia, llenarlos de contenido ético, para caminar hacia la paz, y ahí las religiones tienen mucho que aportar a la construcción de la agenda nacional de paz», fueron parte de las conclusiones del Foro Justicia y Seguridad realizado con líderes religiosos, el pasado 30 de agosto, en las instalaciones de la Fundación Manu en la Ciudad de México.