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Ellas hablan (Women Talking, 2022), la nueva película de Sarah Polley (Stories We Tell, 2012), reta a nuestra imaginación a acompañar este “ejercicio de imaginación femenina”, realizado a partir de los abusos sexuales cometidos durante años contra una comunidad menonita de mujeres en Bolivia, por parte de los varones de su comunidad. En 2010, una denuncia contra algunos de estos varones, que sedaban a las mujeres, muchas de ellas niñas, a los otros varones de la casa y a sus perros con un sedante para vacas en aerosol, para poder abusar de ellas y decir después que había sido obra de fantasmas o de Satanás, llevó a los agresores a la cárcel. Sin embargo, los otros varones de la comunidad se organizaron para pagar la fianza y devolverlos a la colonia, mientras recomendaban a las mujeres el perdón de sus agresores para recuperar la paz. El caso motivó a la escritora Miriam Toews, ella también de ascendencia menonita, para escribir la novela Women Talking, en la que se basa la película, donde reimaginaba la situación desde la deliberación de las mujeres sobre el futuro que podían desde ahí dar a sus vidas, sus familias y su comunidad.

La película de Polley comienza ahí, cuando ya la agresión ha sido descubierta. Han sido años de abusos ocultos que han hecho imposible para ellas imaginar quiénes hubiesen podido ser, si no hubieran sufrido esta agresión. Una votación sobre tres opciones: “no hacer nada”, “quedarse y luchar” o “irse” termina en un empate en las dos últimas posibilidades, por lo que las mujeres del pueblo encargan a las mujeres de las tres familias principales que deliberen sobre cuál de las dos deben tomar. Un pajar se convierte en el espacio de esta asamblea clandestina, donde se ponen en juego la urgencia de salvar y dar seguridad a sus hijas, y también a sus hijos, el miedo de perder el Reino de los cielos que la comunidad les asegura (por el que alguna de ellas decide abandonar, desde el principio de la película, el intento, y se convierte, desde el encierro en su casa, en un contrapunto a todo lo que se vive en el pajar), el deseo de castigar a los culpables de las horrorosas acciones, la resistencia al cambio y los deseos de una justicia que pediría poder acabar de una vez por todas con las violencias en su hogar, y el amor que tienen a sus familias, a sus hijos varones que las forman, a su tierra y a su fe. Tantas posiciones hacen temer muchas veces la ruptura y el fracaso, y la experiencia de tejedora de una de las abuelas logra ir dando ritmo, descansos, juego para que la palabra no se pierda, y ninguna pierda el espacio para hablar. Una primera alusión al perdón como un “dejar pasar y seguir como siempre se ha seguido” hace sospechar que no es éste al que se refiere la fe que profesan y aman.

“¿Puede haber un perdón que no sea bueno?”, pregunta una de ellas, y el verso de Filipenses, “busca siempre lo que es bueno” y una invitación a mirar a sus sueños y a lo lejos, hace que el perdón se amplíe, se profundice, se ponga en contacto y en diálogo con la historia, y las lleve a descubrir el mundo que quieren crear, uno donde sí valga la pena nacer, donde el bebé que está ya creciendo en el vientre de una de ellas (fruto de una de estas violaciones) pueda encontrarse con amor y libre para hacer de la vida algo que ellas no han conocido.

Poco a poco, el sueño de ese mundo conversado las hermana y les va dando caminos. Ahora que, por primera vez, sienten valorada su palabra, van encontrando lo que verdaderamente quieren arriesgarse a buscar, guiadas por las estrellas, cuando les han negado educación, voz, importancia y un mapa que les diga dónde están y a dónde pueden ir. Su sueño reúne en torno a ellas los futuros de su colonia, de sus otras compañeras, sus cantos y oraciones que les hablan de un Dios bondadoso y misericordioso, más allá de las normas y leyes que las han atado por tantos años. Durante la trama, vemos crecer el sueño también en los ojos de August, el maestro de escuela, hijo de una madre que antes que todas protestó aquellas normas, y que fue expulsada por ello, sin defensa, de la comunidad. August se fue con ella y volvió después para educar a los niños (no a las niñas, a las que les ha sido negada la escuela), y volvió también extrañándola, queriéndola escuchar de nuevo, como le sucede ahora, cuando escucha a estas mujeres de diferentes generaciones deliberar entre ellas sobre ese mundo que quieren. Sabe que esa voz no es la suya, pero que también lo representa, y le cuenta el relato de un mundo por el que vale la pena vivir y morir, incluso recibir de ellas la misión de quedarse para dar testimonio de lo conversado ante los otros varones y seguir educando a otros niños varones para que ese mundo también lo puedan soñar y puedan colaborar en él. En esta conversación no es su palabra la que ha de importar, pero se da cuenta de que es para que, en el mundo de ellas, también su palabra sea tomada en cuenta en igualdad de importancia con todas las demás.

La película es tratada con discreción y sutileza. Teje, en la media luz del pajar, los dolores, los llantos, gritos, esperanzas, sueños, utopías, reclamos, miedos, frustraciones de sus personajes, con oraciones, cantadas como himnos de Iglesia y cantos de cuna. Las actuaciones de cada una de las protagonistas reflejan un modo distinto de abordar la vida y de enfrentarse a un futuro del que no tienen ninguna experiencia previa que les permita anticipar y planear. Entre ellas está surgiendo el Acontecimiento, y el Dios que las ha acompañado se convierte en su aliado, en su amigo, en su ánimo y en su fuerza. Cada una de ellas va aprendiendo a escuchar a las otras y a hablar, a compartir y empatizar, a darse el espacio necesario para que su voz no se pierda, a darse el nombre propio que ellas necesitan para poder renacer y recrear su vida y su esperanza. Se saben ante una misión y la abordan con responsabilidad, no sólo para ellas, las que ahora están, sino para las que llegarán y tendrán la oportunidad que ellas ahora les abren: habitar un mundo diferente, desconocido, todavía por crear. Ellas hablan es una invitación a entrar también en esta conversación que nos urge dar.


Imagen de portada: Fotograma-Ellas hablan.

6 comentarios

  1. Gracias, Pedro, por escribir esta reseña de una película tan actual por la realidad que aborda. Y que nos une en esto sueños, tejidos y conversaciones por un mundo distinto, mejor para todos y todas. La película ganó el Óscar a mejor guion adaptado.

  2. Excelente narración Pedro; muchas gracias. Verdadera invitación a buscar y ver la película. La buscaré.
    Compartiré tu reseña.

    Muchas gracias y felicidades por involucrarte en este tema.

  3. Estupenda película. Dura, pero excelente. Efectivamente, un diálogo indispensable el día de hoy, con muchísimas aristas. Gracias por la reseña.

  4. Es un tema muy difícil y complejo que tiene muchas aristas … pero lo que queda claro es la necesidad de seguir avanzando en este tema que requiere soluciones urgentes, en especial para l@s víctimas.

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