
Dejarnos llevar por el dinamismo de la mística es aprender a escuchar con atención plena la realidad de este mundo. El filósofo Raimon Panikkar define este dinamismo como la «experiencia integral de la realidad». Esta experiencia no está encerrada en un estado pasivo o etéreo, sino más bien, entiende la mística como la capacidad de hacer conciencia plena que abarca todos los niveles: el sensible, el racional y el espiritual.

Durante el Mundial de 2014 Arjen Robben, de los Países Bajos, empujó el balón más allá de Rafa Márquez, de México, quien estiró la pierna y, en esa fracción de segundo, Robben simuló una falta, obteniendo el penal que dio la victoria, un momento inmortalizado como «no era penal».

Las mociones que vienen de Dios no nos separan de la realidad de forma alienante, sino que nos envían y restituyen a ella como mensajeros de la Buena Noticia.

Uno de los problemas de los que actualmente se ha hablado como reto en jóvenes y adultos es el de mantener la atención, la concentración, la motivación o incluso el control de los propios impulsos.

Cuando entré a la Compañía de Jesús, a los novicios nos tocó compartir algunas clases con las Madres Adoratrices del Santísimo Sacramento, unas monjas de clausura cuyo convento se encontraba en la misma ciudad que el noviciado jesuita. Debido a que su carisma es muy distinto del de los jesuitas, su estilo de vida también difiere considerablemente.

Gassho, antes de entrar al zendo —una reverencia con las manos juntas a altura del plexo—, tener cuidado de no tropezar con la alteración de unos centímetros de altura puesta a la entrada del zendo para recordar estar presente, para tener los pies bien plantados y la conciencia bien alerta.

Hace unos meses acompañé a mi mamá a que le hicieran una operación de cataratas. Mientras estaba en la sala de espera, en la pantalla comenzó la película Los tres huastecos. No sé si entra en la categoría de gusto culposo, pero he visto toda la filmografía de Pedro Infante y Los tres huastecos es una de mis favoritas.

Las mociones pueden ser buenas o malas. Su cualidad se reconoce por lo que sugieren, pero, sobre todo, por lo que decantan anímicamente: claridad + quietud + alegría (consolación) y, en el polo opuesto, confusión + turbación + tristeza (desolación)

Este texto entreteje los «eclipses» que Taylor describe con el drama encarnado en algunos personajes de Camus que han acompañado mis propias búsquedas: el doctor Rieux; Tarrou; el padre Paneloux, S.J., y el niño moribundo. Cada uno habita, a su manera, lo que Taylor llama el Secularismo (Secularidad 1, 2 o 3).

La materia de nuestras mociones son pensamientos acompañados de imaginación, fantasía, o contenidos actualizados de nuestra memoria. Y cuando se nos presentan afectan nuestro estado de ánimo, mejorándolo o empeorándolo