ver más

Corazón navegante

Una vez que la noche pasa y que la tormenta se espanta, regresas a ver aquellas huellas que un día salieron corriendo de casa, para vivir aquello que se buscaba.

Fue una sorpresa ver aquello que se llegó a perseguir. En un principio, fue tan sólo espuma de mar: efímero y frágil, y, tan pronto como te das cuenta, ya te encuentras en lo profundo del mar. Y entre el pánico y la ceguera, en la búsqueda de una isla a flote, pierdes de vista aquel coral que te esperaba.

En ocasiones hay que navegar largas distancias para darse cuenta de que, en realidad, nunca te fuiste de casa. Que nuestro hogar se encuentra en los corazones que resuenan con el propio, como las conchas y su canto de mar.

Son las cosas que hacemos por amor y las heridas que se abren por labor. Es la locura que nos aventó al inmenso mar, sin siquiera saber nadar.

Una vez que la noche pasa y que la tormenta se espanta es cuando el corazón finalmente puede ver el azul del cielo; que nunca se fue, pero nos olvidamos de él. Es esa semilla que un día sembramos y que, años después, recogimos su fruto; con la sonrisa satisfactoria de recordar que, un día, aquellos jóvenes tuvieron el valor de sembrarlo, aun sabiendo que no verían su fruto en mucho tiempo.

Es en ese momento cuando la cabeza sale del agua para tomar aire y las ideas se aclaran. Cuando desde lo lejos se puede ver aquella roca que nos derrumbó y que ahora parece tan insignificante, incluso la risa invade al cuerpo. Y pienso:

«Ay de esos locos, intrépidos e ingenuos, que se animaron a nadar a contracorriente. Ojalá que sigan bailando al amanecer y que su llama nunca se extinga».


Imagen de portada: Sandra Real Cathopic

7 comentarios

  1. «Una vez que la noche pasa y que la tormenta se espanta»…… Cuántas veces no he sentido esa sensación, tus palabras Jimena, hacen eco en mi mente en tantas situaciones vividas, con que sutileza lo escribes y expones, te felicito por tu percepción, claridad y paz que transmites.

    Que tú llama de juventud nunca se extingan.!!

  2. Excelente artículo de Jimena , me conmovió lo profundo de tu artículo. Refleja la escénica de tu alma.
    Por más jóvenes como tú.
    Hermoso !!

  3. Con tus hermosas palabras puedo entender tu travesía de éste último año de tu vida, y recuerdo cuando eras pequeña y te revolcaba una ola, en cuanto el susto pasaba, regresabas a jugar y disfrutar el mar. Siempre has sabido ver el lado positivo de la vida y me has enseñado mucho….
    Gracias hija!

  4. Y cuando pasas esa tormenta, volteas y dices “cómo pude con tanto?” Que tu llama y ver la vida tan positiva, nunca se extinga Jime. Te quiero y admiro chula!!

  5. Jimena, se ve que haz aprendido las lecciones de las profundidades del mar; no pierdas esa fuerza que te lleva a subir a la superficie y así, poder verlas con la verdadera dimensión. Esa fuerza, como bien dices, está en el amor. Y, si su fuente es el amor a Dios, te aseguro, que te sentirías siempre segura aunque estén las olas. Gracias por recordarnos que siempre hay «superficie».

  6. Cuanta sensibilidad y que manera tan bonita de expresar los que alguna vez hemos sentido cuando pasa la tormenta! Felicidades Jime y gracias por compartir!!

  7. «Es en ese momento cuando la cabeza sale del agua para tomar aire y las ideas se aclaran».
    Te Leo Jimena y parece que estoy platicando con algún adulto sabio. Tu madurez no es tu edad son tus vivencias. Genial

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete al boletín semanal

    Enlázate con
    Previous slide
    Next slide