29 tour de cine francés: Cuando llega el otoño

En un pueblo de Borgoña vive Michelle, una prostituta jubilada que comparte sus días con su amiga Marie–Claude, también exprostituta. La llegada de su hija Valerie y de su nieto Lucas desencadena la tensión latente entre madre e hija. Un día, Michelle cocina unas setas que resultan venenosas y Valerie interpreta la intoxicación como un intento deliberado para dañarla. La ruptura es inmediata: prohíbe a su madre volver a ver a Lucas y regresa a París, dejando a Michelle sumida en la soledad y la culpa.

En ese contexto aparece Vincent, hijo de Marie–Claude, recién salido de prisión, a quien Michelle contrata como jardinero. Entre ambos surge una relación de apoyo mutuo. Preocupado por el sufrimiento de la anciana, Vincent viaja a París para hablar con Valerie, pero la visita desemboca en tragedia. A partir de este momento se desencadena una serie de acontecimientos que, en la mejor tradición del cine francés, plantean dilemas éticos que desafían al espectador a cuestionar los fundamentos éticos de su propia moralidad.

Al comienzo de la película Michelle, en una misa, escucha el pasaje evangélico en el que una mujer pecadora unge los pies a Jesús en casa de un fariseo. Los comensales se escandalizan por la actitud de Jesús hacia una persona socialmente condenada, pero él rechaza la lógica de la exclusión en favor del amor y el perdón. Este trasfondo ilumina la historia de Michelle: una mujer a quien ni su hija ni la comunidad están dispuestos a perdonar su pasado como prostituta —aun cuando este hecho respondiera en primer lugar a la necesidad de alimentar a su hija—, vive una serie de acontecimientos que, contra toda expectativa, parecen redimirla de su soledad.

En relación con la ruptura de los juicios éticos socialmente dominantes, Søren Kierkegaard, en Temor y temblor, recurría a la figura de Abraham como paradigma de la fe en Dios. Abraham, al disponerse a sacrificar a su hijo Isaac, obedecía a un mandato divino que transgredía la norma ética universal del «no matarás». Tal acto resulta absurdo y condenable en términos éticos, pero en ello radica precisamente la paradoja de la fe: la obediencia a Dios puede implicar la suspensión teleológica de lo ético, es decir, el abandono de la moral universal en aras de un mandato que, en su radicalidad, sólo puede sostenerse en la confianza absoluta en el amor divino.

Fotograma: Cuando viene el otoño

Kierkegaard sostenía que la total confianza en Dios se fundamenta en la certeza de que Él nunca quiere el mal para sus hijos y sí la vida en abundancia. En este sentido, toda obediencia auténtica se convierte en un acto de confianza en la misericordia insondable de Dios. De esta manera, Abraham, por su acto de fe, recibió la promesa de una descendencia tan numerosa «como las estrellas del cielo y como la arena de la orilla del mar» (Gn 22,17). Desde la perspectiva cristiana, y en el trasfondo de la película, esta obediencia a la voluntad de Dios se entiende como una fe absoluta en el amor.

Un ejemplo tan radical como el de Abraham no pretende afirmar que cualquier acción atribuida a la «voluntad de Dios» pueda justificar actos inmorales, menos aún atentar contra la vida humana. Proceder así equivaldría a una lectura fundamentalista de las Sagradas Escrituras, y a lo largo de la historia sobran ejemplos lamentables de ello. Lo que Kierkegaard ofrece es una reflexión lúcida sobre lo que significa la fe en el amor evangélico ante los dilemas de la existencia humana. Esto adquiere relevancia especialmente en la vida de personas marginadas, excluidas o sumidas en la miseria, que padecen situaciones a las que ninguna moral universal puede ofrecer una respuesta verdaderamente humana, compasiva y misericordiosa, pero que Dios sí puede brindar.

En la película, desde una perspectiva teológica, el perdón a Michelle —estigmatizada por su pasado— llega de manera inesperada, en forma de comunión, eficaz y contra toda desesperanza. En este punto irrumpe la suspensión del juicio ético hacia la que fue prostituta, no por parte de los habitantes del pueblo ni de su hija: la anciana pasaría el resto de su vida esperando en vano el perdón de los implacables. Sin embargo, el perdón surge desde el acontecer en la realidad, y se manifiesta de un modo tan desconcertante que puede incluso escandalizarnos. Aquí se produce el cruce entre un planteamiento moral transgresor y la lógica del Evangelio. Este constituye, quizá, el aporte más significativo de la película: su afinidad con una teología salvífica que ha sabido poner el acento en la revelación histórica.

Cuando llega el otoño formará parte del 29º Tour de Cine Francés en México del 19 de septiembre hasta la tercera semana de octubre del 2025 en 73 ciudades del país.

Ficha: 

Cuando llega el otoño (Quand vient l’automne)

Dirección: François Ozon

Intérpretes: Hélène Vincent (Michelle), Josain Balasko (Marie–Claude), Ludivine Sagnier (Valerie), Pierre Lottin (Vincent), Garlan Erlos (Lucas)

Duración: 1 h 44 m

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