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12 de diciembre en una mina de carbón 

El pasado 25 de octubre murió el minero Juan Nieto Albizo en una mina de carbón cerca del poblado llamado La Florida en el Municipio de Múzquiz, Coahuila. Tenía 49 años y, según los testimonios de sus compañeros y de su familia, trabajó por tres años para la empresa Minera Díaz. Sin embargo, en su historial de registro ante el IMSS, en el año 2020 cotizó ocho meses; en el año 2021 cotizó un día y en el presente año 2022 cotizó solamente cinco días antes de morir.  

No obstante, cuando las autoridades de la fiscalía del Estado de Coahuila hicieron pública su muerte, su edad estaba mal y tampoco dieron el nombre de la empresa para la cual trabajaba, de este modo hacen sumamente difícil para la familia proceder con mayor certeza. 

Hace unos años el patrón de este trabajador conocido en la región como el “Chano Díaz”, desconoció a sus trabajadores que tuvieron un choque en carretera y entre los cuales había un menor de edad al que supuestamente, “le estaban dando raite a la escuela a las cuatro de la madrugada”, su cuerpo de niño estaba cubierto de carbón. El accidente no tuvo ninguna consecuencia a pesar de que fallecieron tres personas, entre ellas el menor de edad, y tres de las cinco personas que iban en el auto no estaban registradas ante el IMSS. 

Después de eso, literalmente Chano Díaz simuló tener una mina de carbón y con ello obtuvo un contrato de venta de carbón de muchos millones de pesos, que le fue retirado cuando lo denunciamos en redes sociales. Hace unos dos años lo encontramos trabajando en una cueva de la que extraen carbón menores de edad, que, por lo menudo de sus cuerpos, sabemos que se trataba de muchachos de entre 14 y 15 años.

Un 12 de diciembre, en una mina de carbón, se me invitó a estar en la celebración de la Virgen de Guadalupe, ahí conocí al mentado Chano Díaz, quien me reclamó que por mi culpa “él había perdido su contrato en CFE”. 

La Eucaristía se celebró bajo una carpa que reflejaba perfectamente la división de clases sociales que vivimos cotidianamente en la región: hasta adelante, bajo el toldo y sentadas sobre las sillas estaban los dueños de las minas con sus esposas, hijas, hijos y amistades. Al fondo, donde termina la carpa y de pie, porque para ellos no hay sillas, estaban los mineros del carbón con sus cuerpos sucios, porque en la mina no hay regaderas ni baños. 

El sacerdote les pidió que se acercaran y la matrona familiar les dijo: “Ándenles, muchachos, que no les dé pena”. Ellos se movieron nerviosamente casi sobre su propio eje porque no había espacio para que ellos se pudieran acercar. Las lecturas de la liturgia las hicieron las mujeres de las familias dueñas de la mina. La homilía fue bien aprovechada por el sacerdote para alabar la generosidad del patrón con su parroquia. 

La imagen de la Virgen de Guadalupe la trajeron los dueños desde San Miguel de Allende y la guardan en su casa todo el año, sólo la prestan para la misa de este día. La imagen está tallada sobre una piedra y es realmente hermosa, y las flores con la que la coronan las ponen las niñas de la familia. Efectivamente, no están las familias de los mineros, solamente las del patrón. 

Para concluir, ricos y pobres, patrones y trabajadores, explotadores y explotados cantan “La Guadalupana”, luego se sirven tamales y refrescos, se rifan algunas planchas, extractores de jugo (que no usan los mineros porque no les alcanza para tomar jugo natural) y una televisión muy grande que se ganó el supervisor de la mina, todo lo demás lo ganaron los mineros entre aplausos de los patrones. 

En esa ocasión Chano Díaz no se acercó a la Eucaristía. Díaz es pariente de la dueña de la mina y sólo miró desde lejos, pero no se atrevió a participar. Al terminar la misa saludó a la familia dueña de la mina, comió tamales sin hablar con nadie y se fue con un plato lleno de comida. 

Estuve atrás con los mineros durante la celebración. Los dueños me miraron de reojo y me invitaron a sentarme adelante. Me quedé atrás donde todo era silencio, incomodidad, tedio y muecas que simulaban una sonrisa. Entre dientes, mientras cantaba destempladamente el sacerdote, me atreví a preguntarle a algunos mineros: ¿Por qué veniste a esta celebración de la Virgen de Guadalupe? La respuesta fue implacable: “Nos pagan la semana y el aguinaldo cuando terminamos de comer tamales, si nos vamos no sabemos cuándo nos van a pagar o si nos catigan el pago, quién sabe  hasta cuándo”. 

Se les paga y se van sólo después de ayudar a recoger y acomodar las sillas que no usaron, a levantar la basura propia y de las otras personas. Luego suben a una camioneta la imagen de la Guadalupana, que no es de ellos, y ante la cual no se van a persignar cuando bajan todos los días a la mina, y que sólo la verán de nuevo el siguiente año. Terminado el ritual de limpieza podrán subirse al camión que los llevará a su pueblo, con su familia y con sus amigos. 

¿Qué nos queda del mensaje de la Virgen de Guadalupe en esta celebración? Nada, o mejor dicho, sirve precisamente para recordarnos el entorno en el cual ella decide acompañar a su pueblo. Actualiza el contexto de las apariciones y las razones por las cuales elige a los pobres y excluidos para caminar con ellos y ellas y mostrar que es su amada madre, a la que tanto necesitan y a la cual sí reconocen los mineros (católicos y protestantes, practicantes o no) antes de bajar a la mina. Es a ella a quien le piden protección para salir bien de la mina y poder volver a casa. Cada día ellos se saben los hijos de la Madre Guadalupe y se persignan esperando que los proteja de los peligros de la mina y los ayude a volver con sus familias. 

En la celebración, o en este tipo de celebración que se repite año con año a lo largo y ancho de la región, no se trata de nombrar, en el sentido de reconocer, a la Virgen de Guadalupe, y por ello no se trata de poner los cimientos o los mínimos necesarios de verdad y justicia de los pueblos para que podamos reconocernos comunitariamente como hijos e hijas de la amada Guadalupana.  

En definitiva, ahí no encontramos a la virgen porque los “Chanos Díaz” de la región se han robado no solamente el salario de los mineros, sino la propia vida. Pero atrás, donde no hay sillas, donde se acaba el toldo y la sombra, ahí donde huele a sudor y están sucios de carbón, los mineros seguirán pidiendo el auxilio día con día al bajar a la mina, en la certeza de que su vida y su muerte está en manos de Ella, que es su madre. 

Y entre el cotidiano amar de los mineros a la Virgen de Guadalupe y estas heréticas celebraciones, nos queda pendiente la misión de hacer una casa que sea común a todos y todas, no sólo para el 12 de diciembre, sino cotidianamente, como lo hacen los mineros del carbón. 

2 comentarios

  1. Dios y la Virgen la proteja siempre ya que Cristina atraves de los años siempre ha puesto al necesitado, al desprotegido, primero sin importar de donde viene y los riesgos al que se pudiera afrontar ahunque muchas veces implique su propia seguridad … Este mundo sería otro si hubieran más personas justas y valientes como ella .
    Que orgullo es tenerla !

  2. Esa misma realidad de falta de cotización la sufren los migrantes…esta semana ha sido un «mareo» para un salvadoreño que no logra acceder a su afore, por las confusiones administrativas que provocan las empresas y la administracion.

    El robo como dices es la propia vida…y el intento de robarles también la Virgen de Guadalupe

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