
La Plataforma Puebla–Huayacocotla de la Provincia Jesuita de México dio un paso importante en la investigación sobre la experiencia de la gente del pueblo otomí de Texcatepec en los campos agrícolas de producción de fruta en «el otro lado», como comúnmente se le dice a los Estados Unidos de Norteamérica.

Una vez que la noche pasa y que la tormenta se espanta, regresas a ver aquellas huellas que un día salieron corriendo de casa, para vivir aquello que se buscaba.

Sentada en el café del Centro Cultural de la universidad jesuita Antonio Ruiz de Montoya, en Perú, como acreedora a la beca AUSJAL de mi universidad en México, recuerdo con alegría aquella niña que fui a los 15 años cuando, a través de las ventanas de un camión suburbano, veía la grandeza de esa ciudad extraña que me parecía Guadalajara y pensaba en todas aquellas cosas que aún no conocía.

Me sumergí en el misterio de Dios como expresión de la vida que, paciente y permanentemente, se entreteje en las grietas más insospechadas. La vida es un flujo que se mueve a medida que la conciencia se eleva y avanza hacia la verdadera comunión universal.

El peligro de conocer demasiado un relato es que ya no puede sorprendernos. Nos anticipamos a lo que ya sabemos y ese conocimiento excesivo nos hace tropezar sobre el material acumulado, impidiéndonos que se revele lo inédito.

En las palabras de Messi, se escucha el suspiro de quienes estamos lejos de casa. «Siempre soñé con este momento, poder festejar con ustedes, venir a mí país y levantar la Copa del Mundo.» Con estas palabras Messi agradeció a 83 mil aficionados argentinos que celebraban en el Estadio Monumental ser campeones del mundo. Sus palabras encarnan la nostalgia del viajero.

A un año del asesinato de los sacerdotes jesuitas, Javier Campos y Joaquín Mora, su compañero de misión, Esteban Cornejo, habló con la agencia de noticias británica (BBC) sobre su experiencia de seguir ofreciendo sus servicios en la Sierra Tarahumara, lugar en donde, a pesar de la falta de justicia, la violencia generalizada y del dolor por la ausencia, ha sentido todo el apoyo y cariño de las comunidades a las que a acompaña

ué puede estar en juego en el Sínodo mundial de obispos que se va a celebrar el próximo octubre en Roma, con una muy modesta presencia de laicos, varones y mujeres? Si no me equivoco, creo que superar o, al menos, iniciar un proceso que lleve a la disolución del absolutismo -monárquico y medieval- que asola a la Iglesia católica, sobre todo, en la Europa occidental.

La historia nos coloca constantemente ante situaciones originales e inesperadas, a veces para construir esperanza, y otras veces para lo opuesto. Del 11 al 13 de abril del 2016 se dio uno de esos hechos sociales relativamente «originales», con trascendencia histórica, que nos parece podría abonar algo, si prospera en el largo proceso de la humanización de la especie, del que las iglesias, de alguna forma, han sido parte positiva y no tanto.

Algunos lo llaman el «Dr. Seráfico», otros el «Dr. Devoto», sin embargo, en su época fue conocido como Buenaventura (el afortunado) porque cuando era niño se dice que estuvo enfermo de gravedad y su madre pidió la intercesión de Francisco de Asís y tiempo después el niño se curó; desde entonces lo empezaron a llamar Buenaventura, y también su corazón quedó ligado a la incipiente orden de los Franciscanos.