
Cada ser humano ha recibido como propia una faceta del misterio de Jesucristo. Nadie puede pretender tener en sí todas sus características: hay que prestar atención a aquellas que nos dinamizan para concretar el amor.

El tema central de este trimestre, «mujeres y autoridad», nos emociona profundamente por diversas razones. Vivimos tiempos que, sin duda, son de la mujer.

No hacen falta argumentos. Las mujeres carecen de la potestas que tienen los hombres de Iglesia: potestas sacra recibida por el sacramento del orden.

A raíz del triunfo electoral de Claudia Sheinbaum Pardo en junio de 2024 y de su reciente toma de posesión como presidenta constitucional se ha roto en México el llamado «techo de cristal» en tanto es una mujer quien ha accedido al vértice del mando político del Estado. México no es el primer país donde esto ocurre.

¿Qué implica el cambio de autoridades en nuestras sociedades? ¿Qué significa la participación política de las mujeres en tiempos de colapso?

Definitivamente, en nuestra gran historia universal la cantidad de mujeres que detentaron el poder y ejercieron su autoridad es infinitamente menor que la cantidad de hombres que lo hicieron.

Los evangelios están atravesados por una insistente pregunta sobre la autoridad de Jesús.

Las mujeres inmersas en la vida comunitaria conocen de primera mano lo que significa corazonar, sentipensar a Dios en su plenitud.

Al llegar al cierre de este 2024 queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento por su constante apoyo, por cada página que han leído y por cada momento de escucha profunda que han compartido con nosotros.

A lo largo del primer período del Concilio se fue generando la conciencia de que el esquema sobre la Iglesia tendría que ocupar un lugar central.