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Religiones y estado laico en México

Conversación con Ignacio Cuevas

José Ignacio Cuevas de la Garza es académico de la Universidad Iberoamericana y la Universidad del Claustro de Sor Juana, allí imparte la materia de religiones y derechos humanos. También es colaborador del Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), en donde ha estado por 10 años. Anteriormente fue funcionario en la Secretaría de Gobernación, como asesor en Asuntos Religiosos.

ELÍAS GÓNZALEZ GÓMEZ (EGG): ¿Podrías introducirnos a la complejidad del caso mexicano en este ámbito?

IGNACIO CUEVAS (IC): México es un caso especial porque, por un lado, es un estado laico, de los más antiguos del mundo; desde mediados del siglo XIX, cuando Benito Juárez hizo las Leyes de Reforma. Pero también en ese momento, de 1859 a 1860, se hizo la ley de libertad de culto, que no existía antes en el país. Después, ya en el siglo XX, se estableció un estado laico fuerte, pero muy limitante del tema religioso. De hecho, ni siquiera se les dio existencia jurídica a los grupos religiosos; no existían como una figura jurídica en el espacio nacional. Desde luego, estaba la Iglesia Católica Apostólica Romana con una presencia muy grande, pero también empezó a haber muchas otras iglesias y grupos religiosos.

Considero que en 1992 se dio un gran avance en la reforma a las leyes en el tema religioso, ya que se permitió la existencia jurídica a estos grupos y se creó una figura llamada «Asociación Religiosa» (AR), con la cual éstos se pueden legalizar. Hoy hay casi 10 mil asociaciones religiosas, pero es engañoso el término porque, por ejemplo, la Iglesia católica tiene tres mil de esas AR. La Iglesia Adventista del Séptimo Día, que es muy organizada y estructurada, sólo tiene una, mientras que las iglesias bautistas, que son muy horizontales y en las que cada pastor es el líder de su comunidad, tiene cada una la propia. Entonces hay muchas AR de la Iglesia Bautista y sólo una de las adventistas, sin embargo, hay muchos más adventistas que bautistas. La AR es una figura muy flexible.

El tema religioso quedó en la Secretaría de Gobernación como una Oficina de Asuntos Religiosos que con el tiempo ha ido cambiando. En algún momento llegó a ser hasta una subsecretaría exclusiva de Asuntos Religiosos, con el expresidente Ernesto Zedillo, y ya para cuando entró Vicente Fox, por cuestiones presupuestales, se unió esta subsecretaría con la de Población y Migración. Actualmente existe la Dirección General de Asuntos Religiosos, que antes se llamaba Dirección General de Asociaciones Religiosas. Ahí es donde los grupos pueden acudir a registrarse como una AR. Todo esto significó un paso muy importante, pues nos permitió conocer la enorme diversidad de grupos religiosos que había en México. Es verdad que hay muchos grupos que no se registran, y de hecho no tienen que hacerlo, no están obligados.

EGG: ¿Cómo percibes el tema de la apertura o de la recepción de la diversidad religiosa en México?

IC: México es estructuralmente católico, es decir, hasta en las costumbres propiamente mexicanas se ve la influencia de ciertas festividades católicas. En ese sentido, una primera fuente de duda respecto a la diversidad religiosa en México consistía en la preocupación de que ésta iba a afectar la mexicanidad. Existía el temor de que al haber más religiones se iba a ir perdiendo la identidad propiamente mexicana. Afortunadamente, creo que eso ha cambiado. Antes se pensaba, por ejemplo, que las iglesias cristianas no católicas eran avanzadas del imperialismo estadounidense para desestabilizar la esencia mexicana. Ya no se ve tanto así, particularmente porque éstas han sido muy respetuosas con lo mexicano y han abrazado su cultura.

El caso de la comunidad judía es diferente. Existía la idea de que, si se era judío, entonces no se era mexicano; ahora ya podemos ver que hay cinco generaciones de judíos en México. Éste es su país, es su identidad, pero se les identifica con Israel y, por eso, ante ciertas acciones de este último les reclaman a los judíos mexicanos y surge un antisemitismo en redes. La población judía en México es de unas 50 o 60 mil personas, no son tantas, pero son muy unidas y activas en la vida nacional.

¿Qué sucede con el islam? El islam en México comenzó con personas extranjeras que venían como embajadores o empresarios. Desde entonces han existido dos estigmas frente a esta religión: que no son mexicanos, y el tema de la violencia. Sabemos que el extremismo islámico no es ni mayoritario ni representa realmente a la tradición, pero existe el estigma. Con todo, el islam en México va creciendo. Según los censos, en 2010 había unos tres mil musulmanes, mientras que el último censo reportó siete mil; hay quienes hablan de varias decenas de miles. Lo cierto es que el islam está en crecimiento y que ya existen mexicanos y mexicanas convertidas al islam, así como niños y niñas que nacen dentro de esta religión. Esta población también es mexicana. De hecho, hace poco fui a celebrar con la comunidad musulmana el fin del Ramadán y partieron una piñata… sólo en México los musulmanes rompen piñatas.

Finalmente, las religiones, digamos orientales, hinduismo y budismo, también están cada vez más presentes, aunque en ciertos grupos más posmodernos que buscan otro tipo de espiritualidad. Estas tradiciones son más fácilmente aceptadas porque tienen menos estigmas. Pero en México existen también los sikhs, bahá’í, religiosidades de los pueblos afro, las comunidades originarias que mantienen sus tradiciones sean ya en sincretismo o no con lo católico. Creo que sí podemos decir que México ya es un país con diversidad religiosa, y que eso no ha afectado la identidad del país.

EGG: ¿Qué se ha logrado hacer en este sexenio y cuáles serían los mayores retos a futuro en materia de asuntos religiosos en México?

IC: Antes, todo lo de asuntos religiosos a nivel gobierno se manejaban entre cúpulas, es decir, políticos y líderes de iglesias. En el sexenio anterior, para contextualizar, la Dirección de Asuntos Religiosos tenía la indicación de que este tema no se moviera, que no se visibilizara, que no afectara políticamente; o sea, el gobierno de Enrique Peña Nieto tenía la idea de que se mantuviera un perfil bajo. Por lo tanto, no les interesaba y no promovían la organización de encuentros, eventos, o lo que fuera, simplemente querían llevar la fiesta en paz. Por este motivo, en el CONAPRED emprendimos buena parte del trabajo que en realidad le tocaba a Asuntos Religiosos. Realizamos muchos encuentros, foros, espacios de discusión. Formamos el grupo de Religiones por la Inclusión, que continúa reuniéndose. Siempre invitamos al director de Asuntos Religiosos, pero jamás asistió. La cosa cambió en este sexenio.

En diciembre de 2018 tuvimos una reunión a la cual invitamos al nuevo equipo de Asuntos Religiosos, quienes asistieron a escuchar y aprender sobre lo que estábamos haciendo. Hubo un cambio de perspectiva, pues a esta administración le ha interesado incluir las voces de las comunidades religiosas. Fue un giro de 180 grados. En conjunto con Asuntos Religiosos hemos impulsado iniciativas como la de Participación Ciudadana, Desarrollo Democrático y Asuntos Religiosos, una subsecretaría que integra estos temas. El 21 de septiembre de 2019, en el Museo Memoria y Tolerancia, abrimos un espacio conmemorando el Día Internacional de la Paz, tejiendo este último tema con el de la tolerancia religiosa.

En el ámbito estatal cada entidad le da distinta importancia al tema religioso, dependiendo de su circunstancia. Los grupos que trabajan en cada estado tienen su autonomía, no dependen de la oficina de Asuntos Religiosos en la Ciudad de México, no es un esfuerzo centralizado. Afortunadamente en este sexenio nos ha ido bien en la atención que se les ha dado a los asuntos religiosos. Es verdad que existían ciertos temores respecto a la condición de estado laico, ya que el presidente López Obrador, sobre todo al inicio de su mandato, utilizaba palabras y señales un poco confusas respecto al tema religioso. Hablaba mucho de religión, casi más que Fox, usando términos propios del padre Solalinde o del líder evangélico Arturo Farela. Se temía que el presidente diera pie para que las religiones, sobre todo los grupos más conservadores, metieran su propia agenda, lo cual iría en detrimento a un estado laico.

El estado laico es una cosa diferente a un estado multiconfesional, entendiendo este último como un estado en el que están todas las religiones. Esto es imposible, por eso creemos que el estado laico es la única manera de asegurar el respeto a la diversidad religiosa. Parece que éste ha sido el camino que han tomado.

EGG: ¿Algunas últimas reflexiones que te gustaría compartir?

IC: Sí. México continúa viviendo esta tensión constante entre lo religioso y lo laico. Tiene que ver con las características mexicanas y con el hecho de ser un estado laico —de los más antiguos—, pero con un pueblo profundamente religioso. No es como en Francia, en donde tanto el estado como la población están distanciados de la religión.

Otra cosa que quisiera mencionar es que estado laico no es igual a estar en contra de la Iglesia católica. Al ver estadísticas nos damos cuenta de que México, siendo de los países con laicidad más fuerte, es el segundo país más católico de la región. Países de Centroamérica o Brasil son menos católicos. Esto muestra de qué depende la cuestión religiosa: no del modelo de estado, sino de la sociedad, que es la que decide si quiere ser muy religiosa, diversa, o lo que sea. 


Imagen de portada: Jonatan Oregon-Cathopic

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