La Pascua comienza con el Domingo de Resurrección y se extiende hasta el Domingo de Pentecostés. Durante este tiempo celebramos que Jesús ha vencido a la muerte, ha resucitado y nos ha abierto un camino de vida y salvación.
A continuación comparto algunas recomendaciones de cine que, desde distintos relatos y lenguajes, evocan el mensaje de vida del Resucitado. Son historias donde la experiencia humana se entrecruza con personajes que, en medio de la fragilidad, el dolor o la incertidumbre, deciden plantarle cara a la desesperanza y apostar por la vida, la dignidad y la esperanza.
Lazzaro feliz (Lazzaro Felice) de Alice Rohrwacher (Italia, 2018, 125 min.)
Lazzaro (Adriano Tardiolo) es un joven campesino, sencillo y servicial, que vive en La Inviolata, una aldea que ha permanecido alejada del mundo y es controlada por la marquesa Alfonsina de Luna. El personaje refleja una bondad excepcional, transmite mucha paz y siempre está dispuesto a ayudar. La película mezcla magistralmente elementos sociales, simbolismo religioso y fantasía que nos hace pensar un poco en el cine de Pasolini. A propósito de la bondad y amor incondicional el papa Francisco nos dice: «es posible amar con el amor incondicional del Señor, porque el Resucitado comparte su vida poderosa con nuestras frágiles vidas: Su amor no tiene límites y una vez dado nunca se echó atrás. Fue incondicional y permaneció fiel. Amar así no es fácil porque muchas veces somos tan débiles. Pero precisamente para tratar de amar como Cristo nos amó, Cristo comparte su propia vida resucitada con nosotros» (Gaudete et exsultate 18).
El Espíritu de la Pasión de Kim Ki-duk (Corea del Sur, 2004, 90 min)
En la línea de Teorema de Pasolini (Italia, 1968), en que un extraño visitante llega a la casa de una familia sin más preámbulos que un telegrama con dos palabras: «Arrivo domani» (Llego mañana); nos encontramos en El Espíritu de la Pasión con otro visitante, Tae-suk (Jae Hee), también de aspecto angelical, que entra sin anunciarse a las casas vacías. De hecho, el título original de la película es Bin-Jip: «casas vacías». Tae-suk dentro de las casas se mueve con libertad: se baña, come, descansa. Nunca roba ni ocasiona daños en los hogares; al contrario, arregla cualquier desperfecto que ve y lava la ropa sucia. Antes de abandonar las casas se toma una foto junto con las fotos de los dueños. Es lo único que se lleva como recuerdo. A cambio él les deja su espíritu que algunos de los habitantes perciben como calidez, ternura y paz. Las «casas vacías» han sido colmadas con una nueva presencia.
Luz silenciosa de Carlos Reygadas (México-Francia-Países Bajos, 2007, 143 min.)
La primera escena llama la atención: una toma a un cielo estrellado. La cámara baja y distinguimos en la oscuridad unos árboles. La cámara se mueve lentamente y, mientras el tiempo corre, vemos como poco a poco va saliendo el sol. Carlos Reygadas, siempre sorprendente, polémico y desconcertante invierte cinco minutos en esta escena que él ha llamado Amanecer. Las siguientes escenas tienen títulos muy sugerentes: Desayuno, La casa, El taller, El beso, La ordeña, La lluvia, El hospital, Velorio y Despertar. Al ver la película podemos traer a la memoria algunos pasajes en los que Jesús -según nos cuenta los evangelios- se presentó de manera muy discreta en un camino (cfr. Lc 24, 13-35), en un desayuno junto al lago (cfr. Jn 21, 9-14), en una casa (cfr. Jn 20, 19-21), en el trabajo cotidiano (cfr. Jn 21, 1-7). Luz silenciosa es una película que podemos ver o volver a ver en este tiempo de Pascua.
El Renacido de Alejandro González Iñárritu (E.U., 2015, 156 min)
La palabra revenant que da título a este sexto largometraje de González Iñárritu significa «el que regresa de la muerte o renace». Y efectivamente, el personaje Hugh Glass con quien desde un comienzo nos conectamos, identificamos y dolemos, es alguien que regresa de la muerte y renace ante cada prueba. Cuando sus compañeros que debían cuidarlo lo dan por muerto y medio lo entierran en una fosa, Glass renace de la tierra. Cuando es perseguido por los indios y se arroja al río, renace del agua. Cuando puede morir por sus heridas abiertas e infectadas, renace por el fuego que purifica y cauteriza. Cómo no recordar aquí el diálogo de Jesús con Nicodemo sobre el nuevo nacimiento por el Bautismo (cfr. Jn 3, 1-21): «Yo te aseguro que nadie puede entrar en el reino de Dios, si no nace del agua y del Espíritu» (Jn 3, 5).






