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Manresa, 500 años de fe 

A 500 años de la conversión de San Ignacio de Loyola, visitamos la cueva de Manresa en Cataluña, el lugar en donde Ignacio comenzó a escribir los Ejercicios Espirituales y que hoy es considerada tierra santa; un santuario al que cada año acuden más de 30 mil religiosos y laicos que buscan recorrer las rutas que el santo trazó en el tiempo. 

«El lugar en el que estás es tierra sagrada>> (Locus inquo stas), se lee en uno de los mosaicos que dan entrada a la cueva de San Ignacio, en la localidad de Manresa, en la zona centro de Cataluña. En ese lugar, en 1522, Íñigo López de Loyola (después nombrado Ignacio de Loyola) pasó largos meses en total contemplación que lo llevaron a dedicar su vida a Dios. 

Hacía poco que Ignacio había tomado un nuevo rumbo en su vida, pues tras casi perder una de sus piernas en Pamplona, durante la guerra contra el reino francés de Navarra, en 1521, Ignacio se había recuperado embebido en textos religiosos, que despertaron en él un aspecto distinto y absolutamente espiritual. 

Ya con salud, Ignacio emprendió camino a Roma desde Loyola, al norte de España; su intención era recibir la venia papal y poder llegar hasta Jerusalén, en donde creía que se podrían materializar sus sueños como seguidor de Jesús. En el trayecto a Italia paró en Manresa y su estancia allí pareciera ser el desvío más atinado de su vida. 

Ignacio, entonces un peregrino solitario en busca de fe, se estableció en ese lugar aproximadamente 11 meses, tiempo en el que aprendió el significado del silencio y la profundidad de la contemplación; elementos que poco a poco fueron cimentando lo que él llamó Ejercicios Espirituales. Esta herramienta para la oración y el autoconocimiento hoy se considera el legado más importante que dejó el santo, como muestra de su transformación a la vida religiosa. 

Manresa era apenas un caserío y la cueva en donde Ignacio hacía sus oraciones era una simple caverna causada por la erosión del río Cardener. 

La antecueva está revestida con mosaicos y esculturas que dan cuenta de la vida del santo. También están dispuestos algunos vitrales en cuyas consignas los visitantes pueden adentrarse en la mística ignaciana: “Los ejercicios espirituales para vencerse a sí mismo y ordenar su vida sin determinarse por afección alguna que desordenada sea”, se lee en uno de ellos. 

Foto: © Bernardo Vaca Damy

Desde allí se mira el costado de la montaña de Montserrat, a unos 24 kilómetros de distancia, en donde se encuentra la abadía benedictina en la cual Ignacio, antes de llegar a Manresa, se despojó de sus vestiduras de guerra. 

Para introducirse en la cueva es necesario bajar algunos escalones, en un acto que implica el despojo de sí mismo y que abre espacio a la adoración, explica el jesuita José María Margenat, quien acompañó nuestro recorrido en el santuario. 

En el fondo de la cueva está dispuesto un retablo y el altar de alabastro del escultor Joan Grau, fabricado entre 1666 y 1675, en el que se observa al santo, en oración, adentro de la cueva, volteando a ver el cielo y escribiendo los Ejercicios Espirituales;  allí los visitantes quedan expuestos al silencio y la experiencia de Dios es total. 

Margenat explica que Manresa fue una escuela para Ignacio de Loyola; un periodo en el que lidió con su propio espíritu, pasando del entusiasmo y la calma a la duda y las ideas de muerte, así como periodos de consolación y visiones divinas que lo llevaron a su propia conversión, un ejercicio de fe que le permitió dejar ser un peregrino solitario y conformar, junto con otros, un proyecto colectivo “A mayor gloria de Dios”. 

Foto: © Bernardo Vaca Damy

Manresa hoy 

Con el paso del tiempo a la cueva se le fueron agregando estructuras arquitectónicas que conforman hoy un robusto complejo de edificios de corte neoclásico, con fachadas simétricas que reflejan cómo la tradición ignaciana y su arquitectura fue evolucionando conforme a los tiempos. 

El edificio principal da vida al Centro de Espiritualidad Ignaciana y al Albergue Luis Espinal, atendida por una comunidad formativa de jesuitas y laicos en la que se imparten ejercicios espirituales, retiros, cursos y conferencias. 

La iglesia de Manresa, que rodea a la cueva, es de estilo barroco, data de 1759. En la fachada se observa una escultura del santo con pluma en mano y cargando el libro de los Ejercicios Espirituales. La construcción de la iglesia se vio interrumpida con la expulsión de los jesuitas en 1767. Fue hasta 1603 cuando tanto la cueva como la Iglesia fueron donados a los jesuitas. 

Como parte de la celebración de los 500 años de la conversión de San Ignacio la iglesia fue renovada por el jesuita esloveno Marko Rupnik s.j. y su taller del Centro Aletti, cuyo extraordinario trabajo permite a los visitantes sentirse abrazados por un ambiente cálido y lleno de símbolos. 

La remodelación consistió en la intervención con mosaico de más de 550 metros cuadrados en colores dorados, rojo y tierra. Las piedras talladas, que dan forma a los murales, fueron traídas desde cinco continentes y recrean 25 escenas bíblicas y 90 personajes, que van desde la creación, la visita de los ángeles a Abraham, el exilio, así como la salvación y la redención de Jesús. 

Foto: © Bernardo Vaca Damy

“El pecado no ha destruido la tierra porque el amor de los hombres, que Dios extiende en nosotros a través de Cristo, se convertirá en un paso de la creación a la nueva creación”, explicó Marko Rupnik sobre el pasaje de la creación del hombre, en cuyo mural se ve a Adán y Eva en su encuentro con Dios Padre, en el arranque de las obras. 

De acuerdo con Rupnik, los murales también son abstracciones de algunos conceptos de los Ejercicios Espirituales, como el principio y fundamento, que el artista define como una mirada que aglutina el conjunto de la vida de una persona. 

Los murales fueron inaugurados el 31 de julio de 2021 como inicio del Año Ignaciano que terminó en julio pasado y acompañan a la cueva en donde Ignacio tomó rumbo a una vida nueva; permanecen hoy como un legado espiritual y patrimonial, que abre la puerta los próximos 500 años de fe en Manresa. 

7 comentarios

  1. Paloma, con esta bella narración nos llevaste hasta Manresa dónde san Ignacio se dejó conducir internamente por el buen Dios y luego nos compartió un camino espiritual en los Ejercicios Espirituales. ¡Celebremos estos 500 años de fe!

  2. Paloma y Berny que experiencia tan maravillosa…que hermosas fotos. Y la cueva de Manresa. Les tocó saludar a Javier Melloni? Muchas gracias por compartir. Serán bienvenidos todo lo que me quieran compartir. Bendiciones.

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