Los orígenes de sinarquismo en México, entre Salvador Abascal y el general Múgica  

A principios de los años cuarenta del siglo XX arribó a la península de Baja California sur el líder de la Unión Nacional Sinarquista, Salvador Abascal. Coincidía con la llegada del general y constituyente de 1916–1917, Francisco J. Múgica, al gobierno territorial.

Vale la pena hacer algunas reflexiones sobre la presencia en la Baja de estos dos polos de la política nacional en la historia contemporánea de México. El primero, un personaje carismático que vivió los años más importantes del sinarquismo. El segundo, un radical de izquierda que venía de perder la lucha por la sucesión presidencial de Lázaro Cárdenas a manos de Manuel Ávila Camacho.

La primera de esas reflexiones se refiere a uno de los temas que toca el excelente trabajo de Jean Meyer, publicado por Joaquín Mortiz, El sinarquismo, ¿un fascismo mexicano?, a saber, la importancia nacional, y hasta cierto punto internacional, que representa el arribo de Abascal a tierras sudcalifornianas luego de su renuncia a la dirección nacional de la Unión Nacional Sinarquista (UNS). La salida del carismático líder del máximo cargo de esa organización significa la derrota de la línea dura de ese movimiento de derecha, la que se había convertido en un frente de oposición al gobierno mexicano y a los Estados Unidos de América.

El historiador francomexicano, con bien ganada fama de ser un investigador objetivo y concienzudo, da luz sobre lo provechoso que resultó la decisión de Abascal para la administración avilacamachista y para los estadounidenses, precisamente en los momentos en que éstos entran en la Segunda Guerra Mundial después del ataque japonés a Pearl Harbor.

Foto: Dominio público

Es preciso resaltar aquí el hecho de que el sinarquismo de Salvador Abascal era la única oposición que tenía el gobierno del presidente Ávila Camacho si miramos lo que acontecía en la izquierda, el otro hemisferio del mundo político mexicano. Hay que recordar que la principal organización izquierdista de aquel entonces era el Partido Comunista Mexicano (PCM), preocupado en aquella época por llevar adelante la línea del Congreso de la Internacional Comunista, dictada por la Rusia soviética.

Los comunistas mexicanos propusieron operar una serie de alianzas destinadas a construir, como en otras partes del mundo, el denominado Frente Popular, una amplia coalición antifascista que cobijara a distintas fuerzas de muy variado origen y composición. El PCM consideró que el entonces partido oficial, Partido de la Revolución Mexicana (PRM), antecedente del PRI, era «la forma específica del Frente Popular en México», para usar los términos del entonces líder de los comunistas mexicanos. Y por eso, a diferencia del sinarquismo, el Partido Comunista apoyó la candidatura presidencial de Ávila Camacho bajo la divisa de que «la unión del pueblo es la unidad del PRM».

Otras organizaciones de izquierda que existieron en México a principios de los años cuarenta del siglo pasado, como la Liga de Acción Política, fundada por los intelectuales Narciso Bassols y Víctor Manuel Villaseñor, e influenciadas por el líder obrero Vicente Lombardo Toledano, o Acción Socialista Unificada, de un grupo expulsado de la dirección comunista, tampoco plantearon una crítica seria y una oposición real al gobierno de Ávila Camacho.

El segundo asunto importante es el significado del encuentro del gobernador del territorio calisureño, el michoacano Francisco J. Múgica, con el dirigente sinarquista Abascal, en tierras peninsulares, en cuanto se entrecruzan dos tendencias derrotadas por las corrientes políticas dominantes que se erguían en el México de los años cuarenta. Para ninguno de los dos grupos que se alzaron triunfadores en la sucesión presidencial de 1940, los industriales y los gobernadores de los estados, era bien visto un hombre como Múgica, el constituyente de avanzada y precandidato del jacobinismo revolucionario; ni tampoco admitían al líder de ese montón de campesinos, católicos devotos, que no marchaban al compás del proyecto industrializador mexicano.

A propósito de la lucha político–electoral de ese año se ha escrito que la clase media liberal cobró conciencia de su existencia y le dio al disidente Almazán un empuje decisivo para disputarle al PRM la primera magistratura del país. Faltó decir que, en ese mismo 1940, otro grupo social, aquél que dirigía Salvador Abascal, también había valorado la importancia de defender su lugar en el país y se dispuso a presentar un frente de resistencia contra el proyecto hegemónico.

La jefatura nacional de Abascal y su oposición al gobierno mexicano tuvo un costo elevado para el sinarquismo. Un recuento de las páginas de El Sinarquista, el periódico de la organización, muestra un «registro inacabable de caídos, encarcelados, campesinos despojados de su parcela y de sus cosechas, obreros expulsados de su trabajo por ser sinarquistas», de acuerdo con Elizabeth Acosta Mendía, en Paisajes y personajes en María Auxiliadora, un proyecto colonizador en el Territorio Sur de la Baja California (1940–1944).

La salida de Abascal de la dirección de la Unión Nacional Sinarquista, y su sustitución por un líder más dócil, significó la derrota de ese polo de resistencia a escala nacional, y el comienzo de otra forma de oposición al sistema: una colonia, la María Auxiliadora, que fuera modelo del mundo que se estaba perdiendo, un baluarte que les quedara a los sinarquistas para resistir el avance incontenible de un modelo económico que iría, poco a poco, destruyendo las posibilidades de su ideal.

Un tercer tema que vale la pena resaltar en la experiencia que comentamos es que, contrario a lo que podría suponerse, Abascal recibe del gobernador Múgica todo el apoyo de los escasos recursos de los cuales disponía la administración pública del entonces territorio sur de Baja California.

Sorprende que el constituyente michoacano, que alguna vez tensó al máximo la relación entre el presidente Carranza y la Iglesia católica con su propuesta para que la Carta Magna de 1917 penalizara el secreto del sacramento de la Confesión —algo que hubiera precipitado la guerra civil que Calles provocó unos años más adelante— un cuarto de siglo después ayudara a los católicos sinarquistas con transporte, maquinaria e implementos agrícolas para la colonia situada en el Valle de Santo Domingo. Se reconoce que la conducta del general Múgica al frente del gobierno de la media península fue generosa con aquellos que en alguna época miró como acérrimos enemigos ideológicos.

En su libro sobre la experiencia sinarquista en el Territorio Sur de la Baja California, Elizabeth Acosta Mendía comprende bien al personaje central de esta historia en el polo de la derecha, cuando escribe que «el líder sinarquista siempre estuvo consciente de la influencia que mantenía sobre sus seguidores», pues «se sentía predestinado». Cuando escribió sus Apuntes él consideraba que Dios le «dio la fortaleza necesaria para dar el ejemplo».

La salida de Abascal de la media península no terminó con el experimento, a pesar de su sentir personal. La exploración del personaje que realiza la maestra Acosta Mendía en su texto lo ubica falto de humildad, un cristiano que parece sobrado en la estima de sus capacidades, sobre todo cuando se le coloca frente a la prueba.

Aquellas y aquellos sinarquistas que se injertaron en la vida de la media península después de 1944, el año que marcó la despedida de Abascal de su utopía, probaron, con mucho, que el proyecto colonizador iba más allá de la influencia del controvertido líder sinarquista. Al final, se asumieron como sudcalifornianos.

Las fotografías que Elizabeth Acosta coloca en las páginas finales de su texto, fechadas en 1951, muestran a los colonos sobrevivientes asomados entre el trigal, o a un lado de un tractor excedente de la Segunda Guerra Mundial, varios años después de que Salvador Abascal fuera separado de la experiencia de María Auxiliadora en 1944. La experiencia sinarquista va a dar origen, como otras migraciones provenientes del centro del país, a la colonización del Valle de Santo Domingo, región clave de Baja California Sur.

Para saber más:Elizabeth Acosta Mendía, Paisaje y personajes en María Auxiliadora, un proyecto colonizador en el Territorio Sur de la Baja California (1940–1944), Archivo Histórico Pablo L. Martínez, Instituto Sudcaliforniano de Cultura, Gobierno del estado de Baja California Sur, 2017.

Un comentario

  1. Gracias maestro Guillen por compartir está publicación yo conocí de niño y de joven algunos colonizadores y descendientes de este movimiento en la comunidad de María auxiliadora y sus alrededores.
    Saludos y mis más sinceras felicitaciones por su trabajo maestro.

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