Las mujeres y las luchas por la paz: ¿Mística sin política otra vez?

En la columna pasada me preguntaba si es posible que las místicas feministas y la política tengan un vínculo indisoluble; la respuesta es sí. Las mujeres hemos tenido un papel central en accionar y reaccionar desde la espiritualidad, la política y la paz.

Ya el mismo Mahatma Ghandi había dicho que él mismo había aprendido de las mujeres el arte de la paz en la India, donde en la Marcha de la Sal fue sostenida principalmente por mujeres. De hecho, de las 30 mil personas que marcharon, 17 mil de las detenidas eran mujeres. La misma Indira Ghandi, en su texto India and the world, sostiene que lo que mantiene los vínculos entre las personas «no es la religión, ni la raza, ni la lengua, ni un compromiso con un sistema económico. Sino que es la experiencia compartida y la participación colectiva, junto con el esfuerzo consciente y continuo de resolver las diferencias internas a través de los medios políticos» lo que hace que las personas podamos sostenernos en comunidad.

Así, la colectividad es una característica intrínseca de los movimientos de las mujeres para la paz.

Por ejemplo, Carmen Magallón, quien es física, politóloga y pacifista, en su texto Las mujeres como sujeto colectivo de construcción de paz también ha encontrado grandes hallazgos en la participación de las mujeres por la paz.

  • Para romper barreras entre grupos y acercar comunidades, divididas y enfrentadas.
  • Para buscar soluciones no militares a conflictos estructurales.
  • Contra la impunidad: para que no se repitan los genocidios, las desapariciones forzosas y las persecuciones sufridas por determinados grupos humanos.
  • Para apoyar a mujeres que viven en situaciones de guerra o de privación de libertad y de derechos humanos (guerra contra las mujeres) en países distintos del suyo.
  • Para lograr que el trabajo de base de las mujeres cuente en la toma de decisiones (trabajo de lobby, por ejemplo, el que realiza el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer [UNIFEM] junto con algunas mujeres del Parlamento Europeo y algunos grupos y mujeres de Estados Unidos).

En ese texto se citan innumerables movimientos feministas en pro de la paz, como las Madres y las Abuelas argentinas de la Plaza de Mayo, la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala (CONAVIGUA) o el Comité de Madres y Familiares de Presos, Desaparecidos y Asesinados Políticos de El Salvador Monseñor Óscar Arnulfo Romero (COMADRES), e incluso yo añadiría a las distintas colectivas de mujeres en busca de sus personas desaparecidas en México, quienes hacen un papel fundamental como colectivo, como activistas, como luchadoras comunitarias y como pacificadoras.

Foto: Cathopic

Ahora bien, nos queda un último punto, ¿y cómo se relaciona todo esto con la paz y la espiritualidad? Annette Esser, en Salir en busca de la espiritualidad feminista en el diálogo interreligioso, propone que hay cinco campos fronterizos en la espiritualidad feminista, el diálogo entre:

  • Feminismo y teología
  • Entre la propia tradición religiosa y otras tradiciones
  • Entre espiritualidad y psicoterapia
  • Entre mística y política
  • Entre las artes y el ritual

De tal manera que, incluso desde las espiritualidades feministas, lo que se ha privilegiado es el diálogo intercontextual, intercultural, interreligioso, que es otra manera de lograr la paz, no sólo en el campo de la lucha social y político, sino en el campo teológico, religioso y espiritual.

Cierro diciendo que las mujeres han sostenido con sus cuerpos luchas pacifistas, sin armas, sin violencia, de maneras sumamente artísticas y creativas, desde distintas místicas políticas, no solo para lograr la paz, sino para sostener la vida misma.

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