Íñigo, una biografía

Lourdes Gállego Martín del Campo

Muchos de nuestros lectores saben que se está celebrando el año ignaciano, pero no conocen exactamente los eventos a partir de los cuales se estableció esta conmemoración.

Como una ayuda para descubrir, de manera sencilla y con datos muy valiosos e interesantes, los aspectos más esenciales del fundador de los jesuitas y las huellas que fue dejando en su caminar, la sugerencia de nuestro «Librero» es en esta ocasión la biografía Íñigo, una obra clásica escrita por Pablo López de Lara, S.J, publicada en 2018 por Buena Prensa, bajo el sello de «Societas Librorum», y que puede asistirnos a recorrer la senda de Ignacio desde su «frívola y alocada juventud» hasta la fundación de la Compañía y el establecimiento de sus Constituciones.

El texto tiene como intención, dice el autor en el prólogo, prestar un servicio a los laicos contemporáneos y sistematizar de forma clara la vida del santo, a pesar de las muchas biografías que se han escrito sobre él, de manera que «su estilo no choque los lectores del siglo xxi» y dejando fuera un enfoque que «solamente los jesuitas podrían entender». 

Más allá de todo lo que se ha relatado sobre la vida del caballero de Loyola, López de Lara tiene una gran virtud, traza un sencillo esquema, fácil de seguir, con los datos precisos y con la información necesaria. Si bien es cierto que han corrido ríos de tinta en torno a la figura de Ignacio y han existido varias obras que nos han contado hasta el cansancio sus hechos y sus dichos, muchas están en un lenguaje demasiado antiguo o lleno de consideraciones teológicas, pero nuestro autor ya investigó para nosotros, ya nos allanó el camino y sabe recopilar, plantear y organizar para que podamos seguir sin problema la ruta ignaciana y sin temor a perdernos en un bosque de datos. 

El libro consta de tres capítulos divididos en pequeñas secciones y está diseñado de manera tal que cada lector puede ir cotejando las fechas —indicadas en recuadros— de los momentos importantes de la vida del santo e irlos relacionando con los eventos históricos de la época, por ejemplo el reinado de Carlos V o el papado de Pablo III. Los títulos de las secciones pueden irnos ayudando también, como los letreros de las carreteras, a ver qué parte del camino hemos recorrido ya con Ignacio, y hacia dónde nos dirigimos con él. 

La puerta se abre con «Los orígenes», el primer capítulo del texto, en donde en pequeños fragmentos López de Lara nos presenta, con un lenguaje ágil y no exento de humor, la familia, la infancia y la juventud de Íñigo. Como parte también del capítulo encontramos una sección que nos habla de uno de los momentos más importantes de su vida, y la razón por la que estamos celebrando el año ignaciano. El autor la llama «La conversión de un soldado», cuando el santo después de ser herido en la pierna regresa a casa para restablecerse. Fue en su lecho de recuperación, dice el jesuita, donde Ignacio «hace una cita con Dios», un Dios que «lo hace un hombre nuevo, no destruyéndolo sino transformándolo». Después va a Manresa, y al «país de Jesús», Tierra Santa, convertido en una suerte de «hippie» melenudo y andrajoso, pero ya con una idea clara: ponerse al servicio del Señor. 

Proseguimos con el segundo capítulo, «En busca de un camino», que relata la estancia del santo en Barcelona, su paso por la cárcel de Salamanca, París, el encuentro con sus Compañeros y finalmente el nacimiento de la Orden. 

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«Superior General», el último capítulo del libro, da cuenta de las primeras misiones que realizan los jesuitas y del panorama internacional en el que se mueven. Analiza además y de manera breve el Diario íntimo del santo, en el que descubrimos más de cerca a Íñigo a través de los ojos de López de Lara, quien nos explica sus dones místicos y las gracias que recibió. Vale la pena detenerse también en los apartados sobre las Constituciones de la Compañía y los Ejercicios Espirituales, que son el legado principal de la espiritualidad ignaciana. 

A manera de conclusión, diremos que este libro que bebe de fuentes muy valiosas y diversas, excelentemente documentado y con una ruta bien trazada puede servirnos mucho. Ignacio transformó su devenir existencial cuando en su convalecencia leyó varias vidas de santos. Qué mejor manera de celebrar su conversión que leer también su vida, sobre todo en estos tiempos en que la pandemia nos ha dejado sin mucho ánimo para seguir caminando. 

El Íñigo que nos muestra López de Lara es un personaje que aunque cayó en un bache siguió en «ascenso continuo, creció y se transformó». Hagamos «una cita con Dios», busquémosle, como dice nuestro autor, para «cumplir su voluntad» y, como Ignacio, desde un profundo deseo de cambiar. Este libro puede ser un gran apoyo. 

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